La inversión bruta interna en Argentina sufrió una caída del 11,4% interanual en febrero, marcando el cuarto mes consecutivo de contracción. Este descenso se traduce en un volumen físico de apenas 6.519 millones de dólares, el segundo registro más bajo en 15 meses. Los datos reflejan una economía que, aunque estabiliza precios, está sacrificando su capacidad productiva futura, lo que plantea serias preocupaciones sobre la sostenibilidad del crecimiento económico.

El análisis de la consultora Orlando Ferreres & Asociados revela que la caída en la inversión no es homogénea. La maquinaria y equipos retrocedieron un alarmante 18,3%, mientras que los bienes de capital importados se desplomaron un 23,9% interanual. Por otro lado, los bienes de capital de origen nacional también experimentaron una disminución del 9,2%. Aunque la construcción mostró una contracción más moderada del 2,3%, este dato se presenta como un signo de cuán bajo está el umbral de expectativas en el sector. La heterogeneidad sectorial es notable: los sectores extractivos como energía y agroindustria mantienen un dinamismo inversor, mientras que las ramas orientadas al mercado interno, como la manufactura y la construcción, siguen en contracción.

Este contexto se sitúa en medio de un debate político y económico sobre la estrategia de estabilización del país. La tensión entre priorizar la desinflación y sostener la actividad económica refleja un dilema recurrente en las estabilizaciones latinoamericanas. Según un informe de Barclays, en estabilizaciones exitosas, la cuenta corriente suele deteriorarse en alrededor de 6 puntos del PIB en dos años, lo que se asocia a un aumento en la demanda de importaciones. Argentina ya presenta un aumento del 34% en importaciones interanuales, con un incremento del 114% en autos importados y del 70% en bienes de capital. Sin embargo, este boom importador no ha sido acompañado de una inversión productiva interna, lo que plantea dudas sobre la efectividad de las políticas actuales.

La reciente incorporación de un economista uruguayo al equipo asesor del gobierno ha generado expectativas sobre un posible cambio de enfoque. Este asesor sugiere que una desinflación acelerada puede dañar irreversiblemente la economía real, y propone una estrategia de "paciencia estratégica", que implica reducir tasas de interés y sostener la actividad económica. Sin embargo, este enfoque podría ser insuficiente si no se acompaña de una política industrial activa que fomente la competitividad manufacturera. Actualmente, la industria opera a solo el 53-54% de su capacidad instalada, y más de 22.000 empresas han cerrado desde finales de 2023, lo que indica un entorno empresarial crítico.

Mirando hacia el futuro, los indicadores clave a monitorear incluyen la utilización de la capacidad instalada industrial, que actualmente se encuentra en niveles preocupantes, y la evolución de los bienes de capital nacionales, que han caído un 9,2% en febrero. Además, la brecha del tipo de cambio real, que se sitúa en aproximadamente un 27% respecto a su promedio histórico, y la acumulación de reservas del Banco Central son variables críticas que determinarán la dirección de la economía en los próximos meses. La situación actual sugiere que, aunque se está ganando la batalla contra la inflación, el sacrificio de la base productiva podría llevar a una derrota económica a largo plazo.