- La producción de vino global cayó a 225,8 millones de hectolitros en 2024, el nivel más bajo desde 1961.
- El consumo de vino per cápita se redujo a 16 litros anuales, afectando principalmente a la gama baja.
- Chandon ha lanzado productos innovadores como el Délice y un aperitivo con ingredientes naturales para atraer nuevos consumidores.
- Trivento reportó un crecimiento del 35% en sus ventas en Argentina, impulsado por la diversificación de productos como el White Malbec y el Wine Gin.
- Qualab busca aprovechar el 80% de la biomasa de la vid, posicionándose en el mercado de insumos naturales para salud y bienestar.
- Las bodegas argentinas deben adaptarse a las nuevas tendencias de consumo y explorar mercados internacionales para asegurar su recuperación.
La industria vitivinícola argentina enfrenta una crisis sin precedentes, con una caída histórica en la producción y el consumo de vino. En 2024, la producción global de vino alcanzó el nivel más bajo desde 1961, con 225,8 millones de hectolitros, mientras que el consumo se redujo a 16 litros per cápita anuales. Este descenso se debe a una combinación de factores, incluyendo la caída del consumo global, la inflación local y el endeudamiento de las bodegas, lo que ha llevado a muchas empresas a una situación financiera crítica.
El informe presentado por el consultor Javier Merino durante el 7° Foro de Inversiones y Negocios de Mendoza destaca que 2025 no trajo mejoras significativas. La industria ha experimentado lo que Merino describe como una "tormenta perfecta", donde problemas de largo plazo se han combinado con crisis inmediatas, afectando especialmente a las bodegas de gama baja. Este contexto ha forzado a las bodegas a replantear sus estrategias para sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo.
Las bodegas argentinas están adoptando diversas estrategias para enfrentar esta crisis. Chandon, por ejemplo, ha optado por innovar en sus productos, lanzando variedades que rompen con los códigos tradicionales del espumante, como el Délice, que ha logrado posicionarse como el segundo más vendido en volumen. Además, han introducido un aperitivo que incorpora ingredientes naturales, buscando atraer a un público más amplio que busca opciones menos convencionales. Por su parte, Trivento ha apostado por la diversificación y la premiumización, lanzando productos como el White Malbec y el Wine Gin, que han impulsado sus ventas en un 35% en el último año.
El enfoque en la innovación y la diversificación no solo busca mantener la competitividad, sino también captar nuevos consumidores. Fernando Buscema, fundador de Qualab, señala que la crisis puede ser una oportunidad para redefinir la producción vitivinícola, aprovechando el 80% de la biomasa de la vid que normalmente se desperdicia. Esta estrategia no solo busca generar nuevos ingresos, sino también posicionar a la vitivinicultura argentina en el mercado de la salud y el bienestar, donde la demanda de insumos naturales está en aumento.
A futuro, el sector vitivinícola argentino deberá seguir adaptándose a las nuevas tendencias de consumo y buscar mercados alternativos para sus productos. Con el crecimiento de la demanda de vinos de alta gama en mercados internacionales, como el Reino Unido y Estados Unidos, las bodegas deben estar atentas a las oportunidades de exportación. La capacidad de innovación y adaptación será crucial para la recuperación de la industria en los próximos años, especialmente en un entorno donde los hábitos de consumo están cambiando rápidamente.
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