Los primeros datos sobre la actividad económica en Argentina durante febrero han revelado un panorama desalentador, con la industria siendo el sector más afectado. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de la consultora Equilibra, la economía se contrajo un 1% en comparación con enero, lo que representa una caída interanual del 1,5%. Este retroceso fue impulsado principalmente por un descenso del 1,1% en el EMAE que excluye el sector agropecuario, que a su vez se mantuvo estable gracias a un buen inicio de la cosecha de maíz y una mejora en la producción de leche, aunque la producción de carne y la cosecha de trigo mostraron caídas significativas.

El Índice General de Actividad (IGA) de Orlando Ferreres también mostró cifras negativas, con una disminución del 2,9% interanual y un 0,5% mensual, alcanzando mínimos desde agosto de 2025. La caída en la actividad se ha visto reflejada en varios sectores, siendo la industria y el comercio los más golpeados. En particular, la industria automotriz sufrió un fuerte retroceso, con una caída del 8,1% en la producción de autos y un alarmante 11% en la producción de acero. Estos datos son indicativos de un estancamiento en la recuperación económica, que el ministro de Economía, Luis Caputo, ha reconocido como preocupante.

El informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) destaca que la demanda de energía eléctrica de los grandes usuarios industriales se mantuvo estable, pero con caídas en sectores como la fabricación de vehículos, madera y construcción. A pesar de que algunos indicadores de la construcción mostraron un aumento en la venta de insumos, los despachos de cemento cayeron un 1,8% respecto a enero. Este comportamiento contradictorio en el sector de la construcción refleja la incertidumbre que rodea a la economía y la falta de un impulso claro hacia la recuperación.

La situación se complica aún más por el contexto de consumo aletargado, donde los bajos salarios reales, la volatilidad en las tasas de interés y la elevada morosidad están afectando la capacidad de gasto de las familias. En este marco, el Gobierno argentino está intentando impulsar el crecimiento a través de la inversión y las exportaciones. Sin embargo, la inversión ha mostrado una merma del 0,7% mensual y un derrumbe del 11,4% interanual, lo que sugiere que la confianza en la recuperación económica es baja. La UIA ha advertido que el nivel productivo del sector industrial se encuentra estancado, un 10% por debajo de los niveles de 2022 y 2023.

De cara al futuro, las proyecciones de Ferreres indican que la actividad continuará a dos velocidades, dependiendo de la mejora en los ingresos de las familias y la recuperación del mercado laboral. El Banco Provincia (Bapro) ha estimado que la actividad en la provincia de Buenos Aires podría caer un 1% acumulado para 2026 si se mantiene el nivel observado en febrero. En este contexto, los inversores deben estar atentos a las políticas del Gobierno y a los próximos informes económicos que puedan indicar señales de recuperación o, por el contrario, un deterioro adicional en la actividad económica.

La reciente caída en la recaudación del IVA en marzo, que refleja la facturación de febrero, respalda el pesimismo generalizado, con ingresos que cayeron un 2,6% real en comparación con el año anterior. Este dato es crucial, ya que afecta directamente la capacidad del Gobierno para financiar sus políticas y podría tener implicaciones en el mercado cambiario y en la confianza de los inversores en el corto y mediano plazo.