El peso argentino se destacó como la moneda emergente que más se fortaleció en marzo, a pesar de la agitación económica global provocada por el conflicto en Medio Oriente. Al cierre de esta semana, el tipo de cambio oficial mayorista se ubicó en $1390,87, marcando una caída del 1% en marzo y un retroceso acumulado del 4,1% en el primer trimestre del año. Este comportamiento se produce en un contexto de inflación creciente y una ligera disminución en las tasas de interés en pesos, lo que ha llevado a los analistas a prever una continuidad en la tendencia de estabilidad del dólar durante abril, impulsada por la liquidación de la cosecha gruesa.

Durante el primer trimestre, las estrategias de carry trade se convirtieron en protagonistas, con una corrección nominal del 3,1% en el CCL que favoreció los rendimientos en pesos. Los instrumentos más destacados fueron los bonos CER, duales y Lecap, que lograron retornos directos de hasta 18% en moneda dura. Este fenómeno ha llevado a muchos inversores a mantener posiciones en pesos, a la espera de dolarizar sus ganancias en el futuro, lo que a su vez ha contribuido a la calma en el mercado cambiario al reducir la demanda de dólares.

Fernando Marull, economista de FMyA, señala que la expectativa de estabilidad se sostiene hasta la finalización de la cosecha gruesa en julio. Sin embargo, advierte sobre la posibilidad de un rebote en el dólar, especialmente con el aumento de la demanda por importaciones y el pago de dividendos por parte de las empresas. A pesar de esta posible presión, se espera que la oferta del agro en los próximos meses contrarreste cualquier aumento en la demanda, lo que permitiría al Banco Central continuar comprando reservas sin mayores inconvenientes.

En marzo, el sector agroexportador liquidó aproximadamente US$2000 millones, lo que permitió al Banco Central adquirir US$1700 millones para sus reservas, acumulando un saldo positivo de US$4400 millones desde el inicio de la compra de divisas el 5 de enero. Este flujo de divisas es crucial para mantener la estabilidad del tipo de cambio y fortalecer las reservas del Banco Central, lo que a su vez podría influir en la política monetaria y la tasa de interés en el futuro.

A pesar de la caída del tipo de cambio real a niveles similares a los de 2017, lo que genera preocupaciones sobre la competitividad externa, los analistas consideran que el Banco Central tiene un amplio margen de maniobra. La distancia entre el precio del dólar oficial y el límite superior de la banda de flotación se ha cuadruplicado, lo que le otorga al Banco Central la capacidad de intervenir en el mercado cambiario si es necesario. Los próximos meses serán cruciales para observar cómo se desarrolla la liquidación de la cosecha y su impacto en el tipo de cambio y las reservas del Banco Central.