La morosidad en Argentina ha alcanzado niveles récord, con un ratio de irregularidad que se disparó del 2,7% en enero de 2025 al 10,6% en enero de 2026. Este aumento en la morosidad refleja las crecientes dificultades de los hogares para cumplir con sus obligaciones financieras, en un contexto donde el costo de vida sigue presionando los presupuestos familiares. La deuda total de los hogares argentinos supera los $39 billones, de los cuales $32,1 billones corresponden a deuda bancaria y $6,9 billones a deuda no bancaria, evidenciando un cambio significativo en el patrón de financiamiento de las familias.

A lo largo de 2025, el acceso al crédito bancario se expandió notablemente, pasando del 41,3% de los hogares con deuda bancaria en 2023 al 55,1% en 2026. Este crecimiento se debe en parte a una menor absorción de recursos por parte del Estado, lo que ha permitido al sistema financiero ofrecer condiciones más accesibles. Sin embargo, a pesar de este aumento en el acceso al crédito, la capacidad de pago de los hogares se ha visto comprometida, lo que se traduce en un aumento de la morosidad en diversos productos financieros.

El stock de préstamos al sector privado alcanzó el 13,6% del PBI en enero de 2026, más del doble del 5,2% registrado cuando Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023. Este crecimiento en el crédito ha sido acompañado por un aumento en los montos promedio de deuda, que ahora ascienden a $5.702.809 por hogar endeudado, equivalente a 3,46 salarios promedio del sector registrado. Este incremento en la deuda bancaria, que pasó de representar poco más de un salario y medio a casi tres salarios y medio en tres años, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de este endeudamiento en un entorno de salarios reales que aún no se han recuperado.

El deterioro en la capacidad de pago se observa también en la deuda no bancaria, que involucra a más de 6 millones de hogares, con un stock promedio de $1.116.013 por hogar. Las deudas por obligaciones básicas, como el no pago de expensas y cuotas educativas, han mostrado un aumento preocupante, lo que indica que los hogares están enfrentando dificultades para cubrir gastos corrientes. Este repunte en la morosidad es una señal de alerta sobre la situación financiera de los sectores más vulnerables, que podrían ver afectada su calidad de vida si las condiciones no mejoran.

De cara al futuro, es crucial monitorear la evolución de la morosidad y el comportamiento del crédito en el país. La desaceleración inflacionaria y una mayor previsibilidad económica son factores que podrían influir en la confianza de los hogares y las entidades financieras. Sin embargo, si la tendencia de aumento en la morosidad continúa, podría haber implicaciones negativas para el consumo y, por ende, para la economía en general. Los próximos meses serán determinantes para evaluar si se logra una recuperación en la capacidad de pago de los hogares argentinos y cómo esto impactará en el sistema financiero y en el consumo.