Las expectativas de inflación han comenzado a ser revisadas al alza en todo el mundo, y Brasil no es la excepción. En este contexto, la próxima publicación de los datos del Cadastro Geral de Empregados e Desempregados (Caged) el 30 de abril se vuelve crucial. Si la creación de empleos supera las 300,000 vacantes, esto indicaría un PIB robusto, alineado con un crecimiento entre el 1.6% y el 2.0% interanual, lo que podría mantener la presión inflacionaria. Por otro lado, cifras más bajas, como 200,000 o 100,000 empleos, podrían abrir la puerta a recortes más significativos en la tasa Selic, que actualmente se encuentra en el 15%. Este escenario se complica aún más por la guerra en el Medio Oriente, que influye en las expectativas de inflación y en la política monetaria del país.

La relación entre inflación y guerra es un tema de debate. Algunos analistas sugieren que la guerra en el Medio Oriente está afectando indirectamente las expectativas de inflación global. La incertidumbre geopolítica puede provocar un aumento en los precios de las materias primas, lo que a su vez impacta en los costos de producción y, finalmente, en los precios al consumidor. Esto se suma a los efectos persistentes de la pandemia, que han alterado las cadenas de suministro y el comportamiento del consumidor. La combinación de estos factores hace que el panorama económico sea más complejo y volátil.