- Granja Tres Arroyos ha reducido su capacidad de faena de 700.000 a 200.000 pollos diarios, una caída del 71%.
- La empresa acumula 1.200 cheques rechazados por un total de $20.100 millones, además de otros $6.300 millones en cheques rechazados por competidores.
- Alrededor de 120 productores han dejado de operar con Granja Tres Arroyos, lo que representa una pérdida del 60% de su red de integrados.
- La plantilla de empleados de la empresa ha disminuido de más de 1.500 a aproximadamente 700 en los últimos meses.
- La crisis actual no solo es financiera, sino que también afecta la capacidad operativa y la eficiencia del negocio avícola.
- La reestructuración de la deuda y la recuperación de la red de productores serán claves para el futuro de la empresa.
Granja Tres Arroyos, la mayor avícola de Argentina, enfrenta una crisis significativa que se manifiesta en la pérdida de productores integrados y un deterioro financiero alarmante. La compañía ha visto caer su capacidad de faena de 700.000 pollos diarios a solo 200.000, lo que representa una reducción del 71% en su producción. Este descenso no solo afecta sus ingresos, sino que también pone en riesgo su modelo de negocio, que se basa en una extensa red de productores que abastecen sus plantas.
La situación financiera de Granja Tres Arroyos se ha vuelto crítica, acumulando más de 1.200 cheques rechazados por un total de $20.100 millones. A esto se suman otros $6.300 millones en cheques rechazados por sus competidores Wade y Avex, lo que eleva el total a más de $26.400 millones. Este deterioro financiero ha sido evidente desde finales de febrero, cuando comenzaron a surgir las primeras señales de problemas en la caja. Sin embargo, la crisis ha escalado a un nivel que afecta la capacidad operativa de la empresa, lo que es más preocupante que la simple falta de liquidez.
La pérdida de alrededor de 120 productores, que representa aproximadamente el 60% de su red de integrados, es un golpe devastador para Granja Tres Arroyos. Esta red ha sido fundamental para su modelo de negocio, que se basa en la crianza y faena de pollos. La salida de estos productores no es un fenómeno repentino, sino el resultado de meses de ajustes internos y una estrategia de reducción de costos que ha incluido la disminución de su plantilla de empleados de más de 1.500 a aproximadamente 700. Este proceso ha incluido retiros voluntarios y desvinculaciones selectivas, lo que ha llevado a una reducción en la capacidad de producción.
El impacto de esta crisis no se limita a los números financieros. La disminución en la producción también afecta la eficiencia operativa de la empresa. En un sector donde los márgenes son ajustados y la escala es crucial, operar por debajo de su capacidad histórica complica la viabilidad del negocio. La empresa ahora se enfrenta a un dilema: puede intentar refinanciar su deuda y renegociar plazos, pero si continúa perdiendo productores y volumen, su capacidad para operar a gran escala se verá comprometida de manera irreversible.
A futuro, los inversores y analistas deben estar atentos a cómo Granja Tres Arroyos maneja esta crisis. La reestructuración de su deuda y la recuperación de su red de productores serán claves para determinar si la empresa puede volver a su tamaño anterior o si, por el contrario, se verá obligada a reducir su operación de manera más drástica. La situación actual plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de su modelo de negocio y la posibilidad de que la empresa se repliegue de manera estructural, lo que podría tener repercusiones en el mercado avícola argentino y en la cadena de suministro de alimentos en el país.
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