Desde este miércoles 1° de abril, los precios de los combustibles en Uruguay han experimentado un incremento del 7%. Este ajuste se traduce en un aumento de $6,19 por kilogramo de supergás envasado, llevando el precio de la garrafa de 13 kilos a $1.230,45, un incremento de $80,47. Este ajuste se produce en un contexto de fuertes aumentos en los precios internacionales de los combustibles, lo que ha llevado al gobierno a moderar el traslado de estos costos al consumidor final.

El aumento en los precios de los combustibles se enmarca dentro de un esquema de subsidios que busca proteger a los hogares de menores ingresos. Los beneficiarios del Mides continuarán accediendo a una rebaja del 50%, pagando solo $615 por la garrafa de 13 kilos. Sin embargo, este subsidio ha aumentado en su magnitud, ya que la brecha entre el precio de mercado y el precio subsidiado se ha ampliado, pasando de cerca de $7 a $13 por kilogramo. Esto indica que el gobierno está asumiendo un costo fiscal mayor para amortiguar el impacto en los hogares, lo que podría tener repercusiones en las finanzas públicas a largo plazo.

En comparación con el Precio de Paridad de Importación (PPI), que establece un precio teórico para los combustibles basado en los costos internacionales, el ajuste realizado es inferior. Si se hubiera aplicado el PPI, el precio del supergás habría alcanzado aproximadamente $107 por kilogramo, lo que implicaría un costo de $1.390 por la garrafa de 13 kilos. Este desfasaje entre el precio real y el PPI es un indicador de la intervención del gobierno en el mercado, que busca evitar que los consumidores enfrenten aumentos abruptos en un contexto de alta volatilidad en los precios internacionales.

Desde el punto de vista económico, el economista Pablo Rosselli ha señalado que no hay fundamentos sólidos para suavizar las variaciones de precios mediante ajustes programados o topes. En la mayoría de los países, los precios de los combustibles se ajustan automáticamente según el mercado internacional, lo que permite a los consumidores y a los sectores productivos adaptarse más rápidamente a las fluctuaciones del mercado. Para los grandes consumidores de gasoil, como el sector agropecuario, un ajuste más rápido de los precios internos podría ser beneficioso, ya que les permite competir en mercados internacionales más dinámicos.

A futuro, es probable que se requieran nuevos ajustes en los precios de los combustibles si los precios internacionales del petróleo no disminuyen. Rosselli advierte que el costo de no trasladar completamente el aumento a los precios internos es de aproximadamente US$ 30 millones por mes, lo que resulta insostenible para las finanzas públicas. Por lo tanto, los consumidores deben estar preparados para posibles incrementos adicionales en los precios de los combustibles en los próximos meses, especialmente si la situación en los mercados internacionales no mejora.