En los últimos meses, la demanda de dólares en Argentina ha mostrado un crecimiento notable, alcanzando compras netas por US$ 7.802 millones entre noviembre y febrero. Este fenómeno se ha dado a pesar de la reciente caída del tipo de cambio, donde el dólar pasó de $1.500 a $1.400. Durante febrero, 1,5 millones de personas adquirieron divisas por un total de US$ 2.368 millones, mientras que 718.000 vendieron US$ 280 millones, resultando en un saldo neto de US$ 2.088 millones, una leve disminución respecto a enero, que había registrado US$ 2.203 millones. Estos datos, proporcionados por el Banco Central, reflejan una tendencia de dolarización que persiste en el país, a pesar de la aparente estabilidad cambiaria tras las elecciones de 2025.

La situación actual de la dolarización es notablemente inferior a los niveles previos a las elecciones de 2025, cuando las compras de divisas superaron los US$ 9.000 millones en conjunto durante septiembre y octubre. En esos meses, la incertidumbre electoral llevó a picos de hasta US$ 5.080 millones en un solo mes. La tendencia al alza en la compra de dólares comenzó tras el levantamiento parcial del cepo en abril de 2025 y se consolidó durante el año, que cerró con un récord de US$ 32.340 millones en formación de activos externos, el mayor volumen desde 2003. Esto indica que los ahorristas argentinos continúan buscando refugio en el dólar, a pesar de la disminución del tipo de cambio.

En cuanto a las cuentas externas, en febrero se registró un superávit comercial de US$ 1.959 millones, pero la cuenta corriente cambiaria mostró un déficit de US$ 115 millones. Este déficit se debe principalmente a pagos de intereses de deuda que alcanzaron los US$ 1.225 millones y giros de utilidades al exterior. A pesar de este déficit, las reservas del Banco Central crecieron en US$ 1.063 millones durante el mes, impulsadas por compras en el mercado de cambios, la valorización de activos y emisiones del Tesoro, aunque estos aumentos fueron parcialmente compensados por pagos al FMI y otros egresos financieros.

Para los inversores, la creciente dolarización puede tener implicancias significativas. La presión sobre el tipo de cambio podría aumentar si la demanda de dólares sigue en ascenso, lo que podría llevar a un ajuste en las políticas monetarias del Banco Central. Además, el superávit comercial, aunque positivo, no es suficiente para cubrir los pagos de intereses y utilidades, lo que podría generar preocupaciones sobre la sostenibilidad de las reservas en el futuro. Los inversores deben estar atentos a cómo el Banco Central maneja la situación cambiaria y si se implementan nuevas medidas para controlar la demanda de divisas.

Mirando hacia el futuro, es crucial observar cómo se desarrollan las políticas económicas del nuevo gobierno y su impacto en la estabilidad cambiaria. La próxima reunión del Banco Central, programada para el mes de abril, podría ser un punto de inflexión si se deciden ajustes en las tasas de interés o en las regulaciones sobre la compra de dólares. Además, la evolución de la inflación, que pasó del 2,5% al 2,9% en el último mes, será un indicador clave a seguir, ya que podría influir en la percepción de los ahorristas y su decisión de continuar dolarizando sus ahorros.