- La carga impositiva sobre la renta agrícola en Argentina ha llegado al 62,5%, un aumento de 6,1 puntos desde diciembre de 2025.
- Los precios de la urea, un fertilizante clave, han aumentado un 43% desde diciembre, afectando la producción agrícola.
- En Entre Ríos, la carga impositiva alcanza el 67,6%, la más alta del país, mientras que en Buenos Aires y Córdoba es del 60,4% y 60,2%, respectivamente.
- El trigo presenta la carga impositiva más crítica, superando el 104%, lo que significa que los ingresos no cubren los impuestos.
- Los costos de los fletes han aumentado un 8,4% en pesos y un 12% en dólares, impulsados por el incremento del combustible.
La carga impositiva sobre la renta agrícola en Argentina ha alcanzado un alarmante 62,5%, según el último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). Este incremento de 6,1 puntos porcentuales respecto a diciembre de 2025 se produce en un contexto de creciente presión tributaria y aumento de costos de producción, exacerbados por la guerra en Medio Oriente. De cada $100 generados por una hectárea agrícola, $62,5 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales, lo que deja a los productores en una situación financiera cada vez más precaria.
El conflicto en Medio Oriente, especialmente la tensión en el estrecho de Ormuz, ha impactado significativamente en los precios de los insumos agrícolas, en particular los fertilizantes. La urea, un componente esencial para la fertilización de cultivos, ha visto un aumento del 43% desde diciembre de 2025 y del 39% en comparación interanual. Este encarecimiento se suma a la ya complicada situación de los productores, que enfrentan una caída en los márgenes de rentabilidad y un aumento en los costos operativos, como el combustible y los salarios, que han subido un 33% en el mismo período.
La presión fiscal no es uniforme en todo el país. Mientras que el promedio nacional de impuestos sobre la renta agrícola es del 62,5%, provincias como Entre Ríos presentan cifras aún más altas, alcanzando el 67,6%. En Buenos Aires y Córdoba, los porcentajes son del 60,4% y 60,2%, respectivamente, mientras que Santa Fe y San Luis muestran cifras más bajas, pero aún preocupantes, del 57% y 55,7%. Esta variabilidad en la carga impositiva puede influir en las decisiones de inversión y producción en cada región.
El impacto de estos altos niveles de impuestos se hace más evidente cuando se analiza la rentabilidad por cultivo. En el caso del trigo, la carga impositiva ha superado el 104%, lo que significa que los productores no logran cubrir ni siquiera los impuestos con los ingresos generados por la actividad. Este escenario es crítico, especialmente considerando que el año pasado se cosechó una cantidad récord de 29,5 millones de toneladas de trigo. La situación se agrava con el aumento de otros costos, como los fletes, que han subido un 8,4% en pesos y un 12% en dólares, impulsados por el aumento del combustible.
A futuro, los productores agrícolas argentinos deberán enfrentar un panorama complicado. Con la siembra del trigo a menos de dos meses, la presión sobre los costos de producción y la carga impositiva podría llevar a muchos a reconsiderar sus planes de siembra. Además, la relación insumo-producto se ha deteriorado, lo que significa que se requieren más toneladas de maíz o trigo para adquirir una tonelada de urea. Este contexto sugiere que los márgenes de rentabilidad seguirán siendo ajustados, lo que podría influir en las decisiones de inversión y en la oferta de productos agrícolas en el mercado.
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