La agroexportación peruana enfrenta un año decisivo con una meta de envíos que bordea los US$ 16,000 millones para finales de 2026. Gabriel Amaro, presidente de la Asociación de Gremios Productores Agrarios (AGAP), subrayó que esta proyección está condicionada por dos factores clave: el comportamiento incierto del fenómeno climático El Niño Costero y el desenlace político tras las elecciones. A medida que se avance hacia el segundo semestre, se espera tener una visión más clara sobre el crecimiento del sector.

El impacto de El Niño Costero en la agricultura es significativo, ya que el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ha alertado sobre sus posibles efectos adversos. Aunque la Comisión Multisectorial encargada del estudio del fenómeno pronostica que su intensidad será débil, existe la posibilidad de que se torne moderado entre mayo y julio. Esto genera incertidumbre en un sector que ya enfrenta múltiples riesgos, lo que podría afectar la proyección de US$ 16,000 millones si las condiciones climáticas no son favorables.

En el ámbito político, la agroexportación se encuentra en una encrucijada. Amaro advirtió sobre la existencia de candidatos que proponen medidas contrarias a la inversión en el sector, como la eliminación del régimen promotor establecido en la nueva Ley Agraria de 2025 y propuestas de expropiaciones. Estos cambios podrían desincentivar la inversión y revertir los avances logrados en la agroexportación, que ha permitido a Perú superar a Chile en envíos agrícolas. Sin embargo, también hay grupos políticos que reconocen la importancia del sector y se comprometen a impulsarlo, aunque sus planes no son siempre detallados.

Amaro también destacó que existen decisiones legislativas que están frenando el crecimiento del sector, mencionando una lista de proyectos de ley antiinversión que afectan tanto el ámbito ambiental como laboral. Proyectos que buscan modificar o derogar leyes laborales agrarias podrían generar sobrecostos y dificultar la inversión en el país, lo que a su vez alimenta la informalidad en la economía. Esta situación es preocupante, ya que la economía peruana podría crecer al 7% o 8% si se generan las condiciones adecuadas, en lugar del actual 3%.

En cuanto a la diversificación de productos, Perú está explorando nuevas oportunidades más allá de los tradicionales arándanos, uvas y paltas. Productos como el caqui y la pecana están ganando atención en mercados internacionales, pero requieren un marco regulatorio estable y el apoyo del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa). La tendencia hacia productos frescos y procesados también se mantiene, con un crecimiento notable en berries como la fresa y la frambuesa. Sin embargo, el sector agroexportador debe enfrentar desafíos logísticos y de infraestructura para maximizar su potencial, especialmente en regiones como la Amazonía y la sierra, donde hay un gran potencial no explotado.

Finalmente, el puerto de Chancay se presenta como una oportunidad para el agroexportador peruano, aunque actualmente no está preparado para llenar su capacidad. Se estima que en los próximos diez años, el sector podría crecer a más de US$ 30,000 millones, pero esto dependerá de la seguridad jurídica y de un gobierno que promueva el desarrollo y la inversión privada. La integración de la Amazonía y la sierra al modelo agroexportador es viable, pero requiere un plan logístico adecuado para reducir costos y facilitar el acceso a mercados internacionales.