- El mercado de IA en América Latina crecerá de 4.710 millones USD en 2024 a 30.200 millones USD en 2030.
- El gasto corporativo en infraestructura de IA se estima entre 5 y 8 billones USD hasta 2030, con una parte significativa destinada a la región.
- Microsoft y Amazon Web Services han inaugurado nuevos centros de datos en Chile y México, respectivamente, destacando el interés en la infraestructura de IA.
- La IA podría contribuir al crecimiento del PIB de América Latina de manera similar a las computadoras e internet, aunque persiste la incertidumbre sobre los ingresos generados.
- América Latina produce casi la mitad del cobre del mundo y el 60% del litio, recursos críticos para la infraestructura de IA y energías renovables.
- La fragmentación geopolítica está impulsando el desarrollo de capacidades de IA soberana en países como Brasil y Chile.
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está transformando el panorama de inversión en América Latina, con proyecciones que indican que el mercado de IA en la región podría crecer de 4.710 millones de dólares en 2024 a 30.200 millones de dólares para 2030. Este crecimiento representa una tasa de crecimiento anual compuesta de casi el 23%, según un análisis de IMARC Group. Este auge en la inversión en IA no solo está impulsado por la adopción tecnológica, sino también por la creciente necesidad de infraestructura que respalde esta revolución digital.
El gasto corporativo en infraestructura de IA está proyectado entre 5 y 8 billones de dólares hasta 2030, según el informe "Perspectivas de Inversión 2026" de BlackRock Investment Institute. Aunque la mayor parte de este gasto se concentrará en Estados Unidos, países latinoamericanos como Chile y México están comenzando a atraer inversiones significativas en centros de datos. Por ejemplo, Microsoft y Amazon Web Services han inaugurado recientemente nuevos centros de datos en Chile y México, respectivamente, lo que resalta el interés de las grandes corporaciones en la región.
La implementación de la IA tiene el potencial de ser más rápida y de mayor alcance que revoluciones tecnológicas anteriores, como la electricidad o la máquina de vapor. Se estima que la contribución de la IA al crecimiento del PIB podría ser comparable a la de las computadoras e internet. Sin embargo, la incertidumbre persiste sobre si los ingresos generados por la IA igualarán el volumen de inversión, lo que plantea un desafío para los inversores que buscan capitalizar esta tendencia.
En el sector financiero, la IA está revolucionando la forma en que las empresas interactúan con sus clientes y optimizan sus operaciones. Los modelos de crédito impulsados por IA están mejorando la eficiencia operativa y permitiendo una evaluación más precisa del riesgo crediticio. Con más de 20 países en la región desarrollando políticas nacionales de IA, el marco regulatorio está evolucionando para facilitar esta adopción, lo que podría resultar en un entorno más favorable para la inversión.
A medida que la demanda de recursos energéticos y materiales aumenta debido a la expansión de la IA y la computación en la nube, América Latina se posiciona como un actor clave en el suministro de estos insumos. La región produce casi la mitad del cobre del mundo y alberga alrededor del 60% de los recursos de litio, esenciales para la infraestructura de energía renovable y almacenamiento. La creciente demanda de energía también subraya la necesidad de inversiones en infraestructura eléctrica y energías renovables, lo que podría generar nuevas oportunidades de inversión en el futuro.
La intersección de la IA con otras megafuerzas globales, como la fragmentación geopolítica y la transición hacia economías de bajas emisiones de carbono, está creando un entorno dinámico para los inversores. Por ejemplo, la creciente tensión geopolítica ha llevado a países como Brasil y Chile a desarrollar capacidades de IA soberana, lo que podría reducir su dependencia de tecnologías extranjeras. En este contexto, los inversores deben estar atentos a cómo estas tendencias se materializan en cada país y sector, gestionando los riesgos inherentes en un entorno en rápida evolución.
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