Las familias argentinas enfrentan una creciente presión financiera, evidenciada por un aumento alarmante en la morosidad de los créditos. En enero de 2026, la morosidad en el sector bancario alcanzó el 10,6%, el nivel más alto en más de dos décadas. Este fenómeno se agrava en el sector no bancario, donde las tasas de morosidad oscilan entre el 24% y el 27,4%. En algunas cadenas de retail, los índices de morosidad superan el 45%, lo que refleja una crisis de pago que afecta a un número significativo de consumidores. La situación es crítica, ya que las familias inicialmente tomaron créditos para cubrir gastos básicos y ahora se ven obligadas a endeudarse aún más para pagar deudas previas.

El contexto económico es desalentador, con una caída del 20% en el ingreso disponible de los hogares en términos reales en los últimos tres años. Este descenso se debe en parte a la recomposición tarifaria que ha impactado negativamente en el poder adquisitivo. Según Ecolatina, el ingreso disponible actual se encuentra un 40% por debajo del nivel alcanzado en 2016, lo que ha llevado a un estancamiento en el número de puestos de trabajo y un deterioro en la calidad del empleo. El empleo registrado apenas creció un 0,1% en diciembre de 2025, y el empleo asalariado privado ha caído un 0,2% en los últimos siete meses, lo que representa una pérdida de 96.800 puestos de trabajo.