El dólar estadounidense sigue fortaleciéndose en medio de un contexto de tensiones geopolíticas y un aumento en los precios del petróleo. Según el análisis del Bank of America (BofA), el billete verde se beneficia de un shock energético que afecta a otras monedas, especialmente al euro, que se encuentra bajo presión. En este sentido, BofA ha ajustado sus proyecciones y espera que el dólar se mantenga fuerte en el corto plazo, con el euro cotizando en torno a 1,14 por dólar hacia finales del segundo trimestre de 2026. Esta situación se agrava con la preocupación por posibles interrupciones prolongadas en el estrecho de Ormuz, un punto clave para el tránsito del petróleo, que podría impactar la inflación global y la estabilidad de los mercados financieros.

La guerra en Irán ha reconfigurado el panorama financiero internacional, obligando a los grandes bancos a revisar sus expectativas. En particular, el encarecimiento del petróleo y el repunte de la inflación están impulsando al dólar, mientras que los principales bancos centrales se ven forzados a adoptar políticas más restrictivas. BofA ha señalado que, aunque el dólar se fortalecerá en el corto plazo, su visión a mediano plazo es más moderada, anticipando una normalización progresiva del suministro energético y una pausa en las subas de tasas por parte de la Reserva Federal en la segunda mitad del año. Esto podría abrir la puerta a una depreciación gradual del dólar, con el euro acercándose a 1,20 hacia fines de 2026.

El impacto del shock energético es notable, especialmente en Europa, donde la dependencia del gas natural y los niveles de inventarios bajos están generando una presión significativa sobre el euro. A pesar de esto, BofA no prevé un escenario de estrés similar al de 2022, lo que sugiere que, aunque la situación es complicada, no se espera una crisis inmediata. Sin embargo, la divergencia entre economías según su grado de dependencia de importaciones de energía está reconfigurando los flujos en el mercado cambiario, amplificando los movimientos en distintos cruces de divisas.

El mercado petrolero se presenta como un foco de riesgo considerable. BofA advierte que las disrupciones en el estrecho de Ormuz podrían extenderse, incluso en escenarios de desescalada entre Estados Unidos e Irán, lo que mantendría la incertidumbre sobre la oferta global de crudo y sostendría la presión sobre los precios. En este contexto, el banco mantiene una perspectiva constructiva sobre algunas compañías energéticas, especialmente aquellas vinculadas al gas natural licuado (GNL), donde se observa un potencial de crecimiento sostenido en la demanda y expansión de proyectos.

De cara al futuro, la alta volatilidad en los mercados es una constante, con una sensibilidad creciente a los titulares relacionados con el conflicto en Irán. La evolución de la guerra y la posibilidad de una salida negociada serán determinantes para la dinámica de las divisas y las materias primas en los próximos meses. Los inversores deben estar atentos a las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal y a los eventos geopolíticos que puedan influir en la oferta y demanda de petróleo, así como en el comportamiento del dólar en el mercado cambiario.