La guerra en Medio Oriente, que comenzó a principios de marzo, ha desencadenado una serie de efectos en la economía global, y Argentina no es la excepción. A pesar de la tragedia humana y material que representa este conflicto, el país sudamericano podría beneficiarse significativamente en el mediano plazo. La producción de petróleo en Argentina alcanzó un récord histórico de 874.000 barriles por día, con Vaca Muerta contribuyendo con aproximadamente 600.000 barriles. Este aumento en la producción se ha visto acompañado por un notable incremento en los precios del crudo, que alcanzaron los 107 dólares por barril, lo que podría llevar las exportaciones energéticas argentinas a 17.000 millones de dólares en 2026, en comparación con los 11.000 millones del año anterior.

El cambio estructural en la industria energética argentina está en marcha. La balanza comercial energética, que fue deficitaria en 4.539 millones de dólares en 2022, se volvió positiva en 7.829 millones en 2025 y podría superar los 13.000 millones este año. Sin embargo, la capacidad de transporte sigue siendo un obstáculo, aunque se están levantando las restricciones rápidamente. La expansión del Oleoducto del Valle y la construcción de Vaca Muerta Sur, que se espera que esté operativa a fines de 2027, son ejemplos de cómo Argentina está posicionándose para convertirse en un gran exportador de petróleo.

En el sector del gas, Argentina tiene aún más que ganar. La guerra ha afectado las exportaciones de gas de Qatar, que solía ser un proveedor clave para Europa, y esto ha llevado a un aumento en los precios del gas natural licuado (GNL) de 10 a más de 20 dólares por millón de BTU. Esto ha creado una oportunidad para que Argentina diversifique sus exportaciones de GNL hacia Europa y Asia. Alemania ya ha firmado un contrato para importar 2 millones de toneladas anuales de GNL argentino a partir de 2027, lo que representa un avance significativo en la estrategia de exportación del país.

Sin embargo, el impacto inmediato de la guerra también trae consigo desafíos. El precio de la nafta ha aumentado un 11% en marzo, lo que podría generar un dilema para el gobierno argentino. Si los precios internacionales del petróleo no disminuyen, el gobierno podría enfrentar la presión de aumentar los precios internos, lo que podría resultar en descontento social. Además, Argentina todavía necesita importar gas, lo que podría complicar la situación en el corto plazo, ya que los precios de importación han aumentado sin que se hayan fijado previamente.

A largo plazo, los beneficios de la guerra en Medio Oriente podrían ser significativos para Argentina, pero los costos a corto plazo son evidentes. La inflación global está aumentando, lo que podría dificultar el acceso de Argentina al mercado de deuda internacional y elevar el costo del capital. Esto es crucial, ya que el gobierno busca reactivar la economía tras la pérdida de más de 200.000 empleos en el último año. La estrategia del gobierno para reducir las tasas de interés podría verse amenazada por la presión inflacionaria generada por el conflicto, lo que podría limitar las oportunidades de financiamiento en el futuro.