El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha propuesto un acuerdo de casi $1.000 millones con la empresa francesa TotalEnergies para que esta última abandone sus proyectos de energía eólica en alta mar. Esta decisión se produce en un contexto de aumento de los precios de la energía, exacerbado por la inestabilidad geopolítica relacionada con el conflicto en Irán. A pesar de que la energía eólica representa aproximadamente el 10% de la producción energética de EE.UU., la administración Trump ha intensificado sus esfuerzos para desmantelar el desarrollo de esta fuente renovable, priorizando en cambio los combustibles fósiles.

Desde su llegada al poder, Trump ha criticado abiertamente la energía eólica, argumentando que es una de las formas más costosas de energía y que los parques eólicos son visualmente poco atractivos. En enero de este año, emitió una orden ejecutiva que suspendía la aprobación de nuevos proyectos de energía eólica, a pesar de que varios tribunales federales han fallado en contra de sus intentos de detener el desarrollo de estos proyectos. Por ejemplo, un juez federal permitió que el proyecto Vineyard Wind, ubicado frente a la costa de Massachusetts, continuara su construcción, lo que refleja un apoyo judicial a la energía eólica en medio de la oposición política.