La situación económica en Perú se ha vuelto más compleja, con un indicador de incertidumbre que ha alcanzado un promedio de 367 puntos en el primer trimestre de 2026, superando significativamente los 108 puntos del mismo periodo del año anterior. Este aumento en la incertidumbre se produce en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y fluctuaciones en los precios de los commodities, lo que ha llevado a los hogares y empresas a postergar decisiones económicas importantes. El presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Julio Velarde, ha señalado que la incertidumbre actual es una de las más altas en la presentación del Reporte de Inflación, lo que refleja la preocupación por el rumbo económico del país.

En el ámbito local, la incertidumbre se ve exacerbada por el proceso electoral en curso, que tradicionalmente genera volatilidad. Sin embargo, el contexto actual es más complicado debido a choques internos, como la interrupción del suministro de gas natural tras un incidente en el ducto de Camisea y la confirmación de un Fenómeno de El Niño débil en los próximos meses. Estas circunstancias han llevado a un aumento en la percepción de riesgo, lo que se traduce en decisiones más cautelosas por parte de los actores económicos. El indicador de incertidumbre, desarrollado por el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP) y la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), se basa en el análisis de la cobertura mediática y ha mostrado un incremento significativo en su última medición.

La relación entre la incertidumbre y variables económicas como el empleo y los ingresos es clara: un aumento en la incertidumbre tiende a debilitar ambas en los meses siguientes. Esto se ha evidenciado en el pasado, donde la desaceleración de la actividad económica se ha manifestado con un rezago de varios meses. En este sentido, el BCRP ha elevado su proyección de crecimiento para 2026 de 3% a 3,2%, sugiriendo que, a pesar del entorno desafiante, la economía aún muestra signos de resiliencia. Sin embargo, la situación actual podría cambiar rápidamente si la incertidumbre persiste o aumenta, lo que podría afectar negativamente las proyecciones económicas.

Para los inversores, la situación en Perú es un recordatorio de la importancia de monitorear indicadores de incertidumbre, ya que estos pueden anticipar cambios en la economía antes de que se reflejen en indicadores como la inversión o el empleo. En el proceso electoral de 2021, la incertidumbre se intensificó tras la primera vuelta, lo que llevó a una volatilidad financiera y a un tipo de cambio que superó los S/4 por dólar. Actualmente, el indicador de incertidumbre ya ha superado ese umbral, lo que sugiere que la situación podría volverse más crítica si no se estabiliza después de las elecciones.

A medida que se acercan las elecciones, será crucial observar cómo evoluciona la incertidumbre. Si se mantiene elevada, podría afectar las proyecciones económicas mejoradas para 2026. Por otro lado, si la incertidumbre comienza a disminuir, podría abrir espacio para una mayor recuperación económica. La confianza empresarial, que ya ha mostrado señales de moderación, será un indicador clave a seguir en los próximos meses, especialmente en un entorno donde las decisiones de inversión son cada vez más cautelosas. La situación en Perú no solo es relevante para los peruanos, sino que también puede tener implicaciones para los inversores argentinos, quienes deben estar atentos a cómo estos eventos pueden influir en la región y en sus propias decisiones de inversión.