- Los precios del petróleo crudo estadounidense han aumentado un 49% desde el 28 de febrero, alcanzando 99.64 dólares por barril.
- El Brent, referente internacional, ha subido más del 55%, llegando a 112.57 dólares por barril.
- Se estima que tomará entre tres y cuatro meses para que los países árabes del Golfo restauren su producción de petróleo.
- El suministro de combustible para aviones y diésel ya se ve afectado, con la gasolina como la próxima en ser impactada.
- La guerra en Irán podría llevar a una caída del 30% en el PIB de países como Irak, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.
Los CEO de las principales compañías de petróleo y gas del mundo han expresado su preocupación sobre el impacto del conflicto en Irán en el suministro energético global. Durante la conferencia anual CERAWeek en Houston, Texas, los ejecutivos advirtieron que el mercado no refleja adecuadamente la magnitud de la interrupción en los suministros de petróleo y gas. Se estima que Asia y Europa enfrentarán escasez de combustibles si el conflicto se prolonga, lo que podría mantener los precios del petróleo en niveles elevados incluso si las hostilidades cesan.
Ryan Lance, CEO de ConocoPhillips, destacó que la pérdida de entre 8 a 10 millones de barriles de petróleo diarios y aproximadamente el 20% del mercado de gas natural licuado (GNL) tendrá repercusiones significativas. Sheikh Nawaf al-Sabah, CEO de Kuwait Petroleum Corporation, señaló que Irán ha impuesto un bloqueo económico a los productores de petróleo en el Medio Oriente al cerrar el estrecho de Ormuz, una vía crucial para las exportaciones de petróleo de los países árabes del Golfo hacia los mercados globales. Esta situación no solo afecta a la región, sino que también tiene el potencial de mantener a la economía mundial en un estado de crisis.
El impacto del conflicto se compara con la crisis del embargo petrolero árabe de 1973, según Paul Sankey, analista independiente. La interrupción actual es considerada la más grave desde entonces, con la particularidad de que nunca antes se había cerrado el estrecho de Ormuz. La situación es crítica, ya que los iraníes están controlando efectivamente esta vía marítima, lo que podría llevar a un aumento sostenido en los precios del petróleo.
Los precios del crudo han mostrado una volatilidad significativa, alcanzando niveles máximos en más de tres años. Desde el ataque de EE. UU. e Israel a Irán el 28 de febrero, los precios del petróleo crudo estadounidense han aumentado un 49%, alcanzando los 99.64 dólares por barril, mientras que los precios del Brent, el referente internacional, han subido más del 55%, llegando a 112.57 dólares por barril. Los CEO de las compañías energéticas han enfatizado que la oferta física de petróleo es mucho más ajustada de lo que indican los precios en el mercado de futuros, sugiriendo que la percepción del mercado no refleja la realidad de la oferta.
Las proyecciones indican que tomará entre tres y cuatro meses para que los países árabes del Golfo restauren completamente su producción, ya que han tenido que cerrar pozos debido al cierre del estrecho. Además, el suministro de combustible se enfrenta a una interrupción aún mayor que el petróleo, con el combustible para aviones y el diésel ya afectados, y la gasolina podría ser la próxima en verse impactada. La guerra ha desencadenado una serie de escaseces que se están extendiendo por las principales economías asiáticas y que llegarán a Europa en abril.
La situación es incierta y se prevé que el conflicto no termine pronto, lo que podría llevar a consecuencias económicas dramáticas. La falta de un acuerdo claro y la posibilidad de una escalada en las hostilidades hacen que los mercados permanezcan en alerta. Los inversores deben estar preparados para un entorno de precios elevados y una oferta restringida en el corto y mediano plazo, lo que podría afectar a los costos de producción y, en última instancia, a los precios al consumidor en diversas economías, incluida Argentina, que depende de las importaciones de energía.
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