La reciente publicación de datos económicos en Argentina ha revelado un aumento preocupante en la tasa de desempleo, que alcanzó el 7,5% de la población económicamente activa (PEA) en el último trimestre. Este incremento se produce en un contexto donde el Producto Bruto Interno (PBI) ha mostrado un crecimiento del 4,4% en 2025, impulsado principalmente por el sector agroindustrial, la minería y la energía. Sin embargo, este crecimiento no se traduce en mejoras para la mayoría de los trabajadores, ya que los salarios continúan cayendo en términos reales, lo que genera un panorama económico desigual y potencialmente inestable.

El informe de la consultora 1816 destaca que, a pesar del crecimiento del PBI, el desempleo ha aumentado en 196 mil personas, lo que equivale a una destrucción neta de 178 mil puestos de trabajo asalariados. Este fenómeno es notable, ya que es la primera vez en la historia reciente que se registra un aumento del desempleo en un contexto de crecimiento del PBI. Además, los salarios del sector privado han disminuido en un 0,7% en términos reales, mientras que los salarios públicos han caído un 1%. Esta pérdida de poder adquisitivo se ha acumulado durante cinco meses consecutivos, lo que agrava la situación económica de las familias argentinas.

La mora crediticia entre los hogares también ha alcanzado niveles alarmantes, pasando del 2,5% en octubre de 2024 al 10,6% en enero de 2026. Este aumento en la morosidad indica que muchas familias están luchando para cumplir con sus obligaciones financieras, lo que podría tener repercusiones negativas en el consumo y, por ende, en la actividad económica general. La combinación de un crecimiento desigual, un aumento del desempleo y una caída en los salarios reales ha llevado a que los analistas de la city hablen de un nuevo "riesgo K", refiriéndose a la forma en que se está desarrollando la economía, que se asemeja a una gráfica en forma de K, donde algunos sectores prosperan mientras otros se estancan o retroceden.

En este contexto, el gobierno de Javier Milei enfrenta un desafío significativo. Las medidas implementadas hasta ahora, como el aumento del techo en las paritarias y la búsqueda de una política monetaria más laxa, podrían no ser suficientes para revertir la tendencia negativa en el empleo y los salarios. La política monetaria actual, que se centra en mantener un tipo de cambio relativamente estable en torno a $1,400, podría estar limitando la capacidad del gobierno para estimular el crecimiento económico de manera efectiva. Además, las tasas de interés en el mercado de corto plazo se mantienen en torno al 20% TNA, lo que puede dificultar el acceso al crédito para las familias y las empresas.

A futuro, es crucial monitorear cómo el gobierno abordará estos desafíos económicos. La próxima cosecha agrícola y la evolución de las tasas de interés serán factores determinantes para la estabilidad económica en el corto plazo. Si el Banco Central de la República Argentina (BCRA) continúa comprando dólares y manteniendo un tipo de cambio controlado, podría haber un alivio temporal en la presión inflacionaria. Sin embargo, la sostenibilidad de estas medidas es incierta, y los inversores deben estar atentos a cualquier cambio en la política económica que pueda surgir en respuesta a la creciente presión social y económica.