El precio de la tonelada de urea, el fertilizante más utilizado en el mundo, ha experimentado un aumento significativo del 36,1% en lo que va de marzo de 2026. Este incremento se suma a un aumento previo de más del 20% en los primeros dos meses del año, lo que genera preocupación en el sector agropecuario argentino. La urea, que utiliza gas natural como materia prima, es esencial para los cultivos de maíz y trigo, dos de los principales productos agrícolas del país.

Este aumento en el precio de la urea se produce en un contexto de tensiones geopolíticas, específicamente la guerra en Medio Oriente, que ha impactado los precios internacionales de los fertilizantes. Según un informe de la consultora Analytica, las importaciones de fertilizantes en 2025 alcanzaron los 2.256 millones de dólares, un 81,2% más que el promedio de 2012-2024. Este aumento se debe a una combinación de factores, incluyendo la apertura comercial del gobierno, un récord en la siembra de trigo y maíz, y la parada de planta de Profertil, el principal productor local de fertilizantes.

La dependencia de Argentina de las importaciones de fertilizantes se ha incrementado en los últimos años. Entre 2018 y 2025, la producción promedio de fertilizantes nitrogenados fue de 1,13 millones de toneladas anuales, mientras que las importaciones alcanzaron un promedio de 1,74 millones de toneladas. Este aumento en la dependencia de las importaciones ha llevado a que el peso de las compras externas sobre la oferta total pase del 53,8% al 67,5% entre 2024 y 2025. Esto significa que cualquier alteración en el mercado internacional de fertilizantes puede tener un impacto directo en la producción agrícola y, por ende, en la economía del país.

Los economistas advierten que si los efectos de la guerra persisten, las importaciones de fertilizantes podrían acercarse a los niveles récord observados durante la guerra en Ucrania. Federico Kisza, economista de Analytica, señala que el estrecho de Ormuz es crucial para el comercio global de fertilizantes y que la destrucción de infraestructura en la región está afectando la provisión de gas, fundamental para la producción de fertilizantes. Esto podría resultar en un aumento de los costos de producción en el sector agropecuario, lo que a su vez impactaría en las exportaciones y en el precio de los alimentos en el mercado interno.

Aunque el impacto inmediato en la cosecha gruesa no será significativo, ya que los fertilizantes ya fueron aplicados, sí se espera que afecte las decisiones de siembra para la campaña 2026/2027, que comienzan a tomarse en mayo. Si los precios del trigo no aumentan, algunos productores podrían optar por reducir la utilización de fertilizantes o incluso no sembrar, lo que podría llevar a una disminución en las ventas al exterior. Además, el aumento en el costo de la urea repercutirá en el precio final de productos básicos como harinas, aceites y carnes, lo que podría generar presiones inflacionarias en el mercado argentino.

A futuro, es crucial monitorear la evolución de los precios de los fertilizantes y la situación geopolítica en Medio Oriente, ya que cualquier cambio podría tener repercusiones significativas en la economía argentina. La producción local de fertilizantes podría ser una solución a largo plazo para reducir la dependencia de las importaciones y mitigar el impacto de los precios internacionales. Sin embargo, la falta de inversión y la reciente venta de acciones de YPF en Profertil complican esta perspectiva. La situación requiere un seguimiento cercano, especialmente con la campaña de siembra a la vuelta de la esquina.