En los últimos tres meses, el carry trade en Argentina ha alcanzado rendimientos excepcionales, superando el 21% en dólares. Esta estrategia ha sido impulsada por una combinación de un dólar que ha mostrado una tendencia a la apreciación y la compra de bonos ajustados por CER, como el TZX26. Este bono, adquirido a un tipo de cambio de $323,40, ha visto su cotización elevarse a $367,15, permitiendo a los inversores convertir $1,000 en $1,217 en menos de tres meses. Este rendimiento es notablemente superior al de otros activos en mercados emergentes y desarrollados, donde los retornos son considerablemente más bajos.

Sin embargo, este fenómeno no es solo una cuestión de especulación. La dinámica detrás del carry trade se ha visto favorecida por la brecha entre las altas tasas de interés locales y un tipo de cambio que, a diferencia de ciclos anteriores, no se ha depreciado. En este contexto, los inversores han rotado sus posiciones desde activos en dólares hacia instrumentos en pesos, creando un círculo virtuoso que ha reducido la presión sobre el tipo de cambio y ha hecho que las tasas locales sean más atractivas. Esta situación ha permitido que el carry trade funcione como un estabilizador financiero, al menos en el corto plazo, compensando la contracción de la demanda agregada.