- La acidez afecta al 25% de los suelos agrícolas en Uruguay, comprometiendo la productividad.
- El encalado podría aumentar el rendimiento de cultivos en un 24% en promedio, con picos del 30% en suelos más ácidos.
- La práctica del encalado podría generar un ahorro de hasta 75 dólares por hectárea al año en insumos.
- El costo inicial del encalado es de aproximadamente 646 dólares por hectárea, con el transporte representando casi la mitad de este costo.
- Una expansión del encalado a 500.000 hectáreas podría impactar el PBI en un 0,5% y generar mil empleos directos.
Un reciente informe del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) destaca que la acidez afecta al 25% de los suelos agrícolas en Uruguay, lo que compromete gravemente la productividad del sector. Esta situación se ha vuelto crítica, ya que la salud del suelo, medida a través del pH, es fundamental para la disponibilidad de nutrientes esenciales para los cultivos. El estudio sugiere que la práctica del encalado, que consiste en aplicar cal para elevar el pH del suelo, podría ser una solución efectiva para recuperar la productividad agrícola y, a su vez, contribuir al crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del país en un 0,5% y generar alrededor de mil empleos directos.
La acidez del suelo es un fenómeno natural que se ha intensificado en las últimas décadas debido a la intensificación de la producción agrícola, que ha llevado a una extracción continua de nutrientes sin la reposición adecuada de elementos como el calcio y el magnesio. Este proceso ha resultado en un deterioro progresivo de la calidad del suelo, afectando no solo la producción de cultivos, sino también la rentabilidad de los productores. En este contexto, el encalado se presenta como una herramienta clave para revertir esta tendencia, mejorando las condiciones químicas del suelo y, por ende, la eficiencia en el uso de fertilizantes.
Los resultados de un experimento realizado en ocho sitios del litoral uruguayo muestran que el encalado puede aumentar el rendimiento de los cultivos en un 24% en promedio, alcanzando incrementos de hasta el 30% en suelos con alta acidez. Además, se ha comprobado que el encalado no solo mejora la productividad, sino que también reduce la necesidad de insumos, como el potasio y el fósforo, lo que se traduce en un ahorro significativo para los productores. Este ahorro podría alcanzar los 75 dólares por hectárea al año, un aspecto crucial dado el contexto de costos elevados en la agricultura uruguaya.
A pesar de los beneficios evidentes del encalado, su adopción sigue siendo limitada en Uruguay, principalmente debido a los altos costos iniciales asociados a la compra, transporte y aplicación de cal, que rondan los 646 dólares por hectárea. Este costo se ve agravado por los gastos logísticos, donde el flete representa casi la mitad del costo total. Además, la alta proporción de tierras arrendadas dificulta las inversiones a largo plazo en el suelo, lo que limita aún más la implementación de esta práctica. Sin incentivos fiscales, la recuperación de la inversión se extiende al mismo período en que se obtienen los beneficios, lo que desincentiva a los productores individuales.
El informe de Ceres plantea que una expansión del encalado a unas 500.000 hectáreas podría tener un impacto significativo en la economía nacional, no solo en términos de productividad agrícola, sino también en la generación de empleo y en la dinamización del sector de transporte y servicios asociados. Para que esta práctica se adopte a gran escala, es fundamental implementar medidas que hagan rentable la inversión a nivel individual, como incentivos fiscales y apoyo logístico. En este sentido, el futuro del encalado en Uruguay dependerá de la capacidad del gobierno y del sector privado para colaborar en la creación de un marco que favorezca su adopción masiva.
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