Qatar enfrenta una crisis financiera significativa, similar a la que experimentó en 2017, cuando un bloqueo comercial por parte de Arabia Saudí y otros países provocó una fuga masiva de capitales. En esta ocasión, la situación se agrava debido a la disminución de su capacidad de gas natural licuado (GNL) por los ataques iraníes, lo que ha llevado a que los bancos cataríes se encuentren nuevamente en una posición frágil. A finales de 2025, la deuda externa neta de los bancos de Qatar alcanzaba los 120.000 millones de dólares, lo que representa un tercio de los préstamos nacionales, según S&P Global. Esto los hace más susceptibles a una crisis de financiación, especialmente si los inversores extranjeros deciden retirar sus fondos o no renovar la financiación mayorista.

La dependencia de Qatar del estrecho de Ormuz para la exportación de GNL es un punto crítico. A diferencia de sus vecinos, Qatar no cuenta con oleoductos que le permitan diversificar sus rutas de exportación. Esto significa que cualquier interrupción en el tráfico marítimo por el estrecho podría tener consecuencias devastadoras para su economía, que depende en gran medida de los ingresos por la venta de gas. Si la guerra en la región se intensifica, Qatar podría verse obligado a vender su gas a precios más bajos, lo que ampliaría su déficit fiscal más allá del 3,2% del PIB que S&P estima para este año.