La economía argentina muestra un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del 2% en el último año, sin embargo, el empleo formal ha caído un 3,3%. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la calidad del crecimiento económico, ya que se observa que los sectores que están impulsando esta expansión no son intensivos en mano de obra. En contraste, sectores tradicionales como el textil, calzado e indumentaria, que históricamente absorbieron gran cantidad de trabajadores, están en declive. Esta situación no es un error estadístico, sino una clara señal de un crecimiento económico con baja tracción laboral.

Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) a diciembre de 2025 revelan que los sectores que más han crecido en términos de empleo son la pesca, con un aumento del 5,7%, la construcción con un 0,8% y la enseñanza con un 0,6%. Sin embargo, estos sectores tienen un impacto limitado en la economía en general. Por ejemplo, la pesca solo emplea a unos 15,000 trabajadores registrados, lo que pone de manifiesto que el crecimiento en estos sectores no es suficiente para contrarrestar la caída del empleo en sectores más grandes y tradicionales.

Los sectores que están liderando la recuperación económica, como la energía, minería, tecnología y agroindustria de alto valor agregado, presentan una alta productividad pero una baja elasticidad empleo-producto. Esto significa que pueden aumentar su producción sin necesariamente generar nuevos puestos de trabajo. Por ejemplo, una empresa de tecnología puede incrementar su facturación sin necesidad de aumentar su plantilla laboral. Esta dinámica es parte de la estrategia del gobierno, que busca una reconversión productiva hacia sectores más competitivos y menos dependientes de la protección estatal.

Sin embargo, la transición hacia estos nuevos sectores no es inmediata. La industria manufacturera ha visto una caída del 3,3% interanual, y sectores como el textil y la metalmecánica están enfrentando presiones significativas debido a la competencia de importaciones y un tipo de cambio desfavorable. La tasa de cierre de empresas se mantiene en torno al 3,4% anual, mientras que la tasa de apertura ha caído al 2,7%, el nivel más bajo en años. Esto sugiere que la economía no solo está perdiendo empleos, sino que también está perdiendo su capacidad de regenerar nuevas empresas y empleos.

La pregunta crucial es cómo se gestionará esta transición. La estrategia económica del gobierno puede ser coherente a largo plazo, pero los costos de esta transición se están acumulando en el presente. La falta de políticas efectivas para acompañar este proceso podría dejar a muchos trabajadores y empresas atrás. A medida que la economía crece, es fundamental monitorear cómo se desarrollan los encadenamientos productivos y qué políticas se implementan para facilitar la reabsorción de la fuerza laboral en los nuevos sectores emergentes. Sin una estrategia clara, el crecimiento del PBI podría no ser sostenible a largo plazo, ya que podría dejar a una parte significativa de la población sin oportunidades laborales.

En resumen, la economía argentina está en un punto crítico donde el crecimiento no se traduce en empleo. A medida que se avanza hacia una nueva matriz productiva, será esencial observar las políticas que se implementan y cómo estas afectan a los sectores que tradicionalmente han sostenido el empleo en el país. La situación en Brasil y otros países de la región también podría influir en la dinámica laboral y en las oportunidades de inversión en Argentina, por lo que es importante estar atentos a los desarrollos en estos frentes.