La Unión Europea enfrenta una creciente dependencia de minerales críticos, esenciales para su industria de defensa y transición energética, dominados en su mayoría por China. Esta situación se vuelve crítica en un contexto de tensiones geopolíticas, especialmente tras la agresión rusa en Ucrania, que ha resaltado la vulnerabilidad de Europa en sus cadenas de suministro. La producción de estos minerales se concentra en pocos países, lo que limita la autonomía estratégica de la UE y la expone a riesgos económicos y de seguridad.