Las stablecoins han evolucionado significativamente desde su creación, pasando de ser herramientas para mitigar la volatilidad en el mercado de criptomonedas a convertirse en activos fundamentales en la infraestructura financiera global. Originalmente diseñadas para ofrecer un valor estable al estar vinculadas a monedas fiduciarias como el dólar estadounidense, estas criptomonedas han encontrado su lugar en el ámbito de las finanzas descentralizadas (DeFi) y en los pagos transfronterizos. Según el Foro Económico Mundial, los volúmenes de transacciones de stablecoins han alcanzado decenas de billones de dólares anualmente, lo que subraya su creciente importancia en la actividad financiera digital.

El cambio en el papel de las stablecoins se ha visto impulsado por la claridad regulatoria proporcionada por iniciativas como la Ley GENIUS en Estados Unidos. Esta legislación establece un marco federal integral para la emisión de stablecoins, permitiendo que entidades reguladas, incluidas instituciones bancarias, emitan stablecoins respaldadas por activos líquidos de alta calidad. Este avance ha permitido a las instituciones financieras reconocer el potencial de las criptomonedas y su integración en el sistema financiero regulado, lo que a su vez podría mejorar la eficiencia de los pagos internacionales al reducir el número de intermediarios involucrados.