La economía española ha mostrado un crecimiento notable en 2025, con un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) del 2,8%, el doble que el promedio de la zona euro. Este crecimiento se ha visto impulsado principalmente por el consumo y la inversión, que han sido los motores de la actividad económica en el país. En el cuarto trimestre de 2025, el PIB creció un 0,8%, destacándose como el mejor desempeño del año, gracias a una fuerte contribución de la demanda nacional, que aportó 0,9 puntos al crecimiento, mientras que el sector exterior restó 0,1 puntos. Este resultado refuerza la tendencia de España como la economía avanzada que más ha crecido en los últimos dos años, a pesar de un leve descenso respecto al 3,5% alcanzado en 2024.

El comportamiento del PIB a lo largo de 2025 ha mostrado una tendencia de crecimiento constante, aunque con algunas fluctuaciones. En el primer trimestre, el crecimiento fue de 0,5%, seguido por un 0,7% en el segundo y un 0,6% en el tercero. Este patrón indica una economía que, aunque enfrenta desafíos, ha logrado mantener un crecimiento sostenido. La clave de este crecimiento ha sido el consumo de los hogares, que aumentó un 3,3%, impulsado por la creación de más de medio millón de empleos en el año. Este aumento en el empleo ha contribuido a la reducción de la tasa de desempleo, que cerró 2025 por debajo del 10% por primera vez en 17 años.

Sin embargo, el crecimiento de la economía española no ha estado exento de desafíos. La dependencia del sector exterior ha sido un punto débil, con un déficit comercial que se incrementó más del 40% en 2025. Las exportaciones han crecido a un ritmo lento, mientras que las importaciones han aumentado, en parte debido a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. España ha absorbido parte de las mercancías que antes se dirigían a EE. UU., lo que ha afectado su balanza comercial. A pesar de esto, el sector servicios no turístico ha mostrado un crecimiento robusto, con un aumento del 11,1% en 2025, lo que refleja una diversificación de la economía.

Para los inversores, el crecimiento del PIB y la mejora en el empleo son señales positivas, aunque la incertidumbre global, especialmente relacionada con la guerra en Irán, podría impactar las proyecciones de crecimiento. El Ministerio de Economía espera un crecimiento del 1,1% para 2026, aunque las previsiones podrían verse afectadas por el aumento de los precios de la energía. La economía española se beneficia de una mayor capacidad en energías renovables, lo que podría mitigar algunos de los efectos negativos de la crisis energética en Europa. Sin embargo, la dependencia de las importaciones de petróleo y gas natural sigue siendo una preocupación.

A medida que se avanza hacia 2026, los inversores deben estar atentos a la evolución de la crisis en Irán y su impacto en los precios de la energía, así como a los datos del PIB del primer trimestre de 2026, que se publicarán a finales de abril. La capacidad de España para mantener su crecimiento dependerá de su habilidad para diversificar su economía y reducir su dependencia del sector exterior. La evolución del empleo y la inversión en sectores clave como la construcción serán indicadores importantes a seguir en los próximos meses.