Hasta hace menos de un mes, la mayoría de los analistas energéticos advertían sobre un exceso de oferta de petróleo y una posible saturación en el mercado de GNL (gas natural licuado) debido a la nueva capacidad que comenzaba a operar en Estados Unidos. Sin embargo, los recientes ataques de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero han cambiado drásticamente esta perspectiva, generando ahora advertencias sobre una inminente escasez. Mientras que en algunas regiones del mundo ya se están sintiendo las primeras escaseces de petróleo, la situación más crítica se presenta en el sector del gas natural, donde la oferta se ha visto seriamente comprometida.

QatarEnergy, uno de los principales productores de GNL, declaró fuerza mayor en sus contratos de GNL con compradores en Italia, China, Bélgica y Corea del Sur, entre otros. Esta decisión se produjo tras los ataques iraníes que dañaron parte de las instalaciones de gas en el campo South Pars/North Field, lo que podría requerir años para su reparación. QatarEnergy representa más del 15% de la capacidad global de GNL, lo que acentúa la preocupación por la disponibilidad de este recurso en el mercado internacional.

Por otro lado, Australia también enfrenta problemas en su producción de gas. La empresa Santos suspendió la producción de su proyecto Barossa, que alimenta la instalación de GNL de Darwin, debido a la necesidad de reemplazar equipos. Esto ha interrumpido 3.7 millones de toneladas de capacidad en un momento crítico, lo que ha llevado a un aumento significativo en los precios del gas, que están subiendo más rápido y a niveles más altos que los del petróleo.

Desde el 28 de febrero, los precios del gas en Asia han aumentado un 143%, mientras que en Europa han subido un 85%. Aunque algunos analistas señalan que estos precios son inferiores a los de 2022, la disponibilidad física del gas es lo que realmente importa y ha sido severamente comprometida en comparación con años anteriores. Además, un funcionario del gobierno de Estados Unidos ha amenazado con encarecer el GNL para Europa a menos que se firme un acuerdo comercial previamente establecido, lo que añade una capa de incertidumbre a la situación.

La demanda global de gas natural ha crecido más rápidamente que la del petróleo en las últimas dos décadas, impulsada por la transición hacia fuentes de energía más limpias. Sin embargo, ante la escasez de gas, algunos países asiáticos están volviendo al carbón, lo que contradice las recomendaciones de los analistas sobre la necesidad de invertir en energías renovables. Para Europa, que ha cerrado muchas de sus plantas de carbón, esta opción no está disponible, lo que agrava su situación de seguridad energética. La creciente demanda de gas en Estados Unidos, impulsada por el auge de la inteligencia artificial, también está elevando los precios del GNL, lo que podría tener repercusiones en los mercados globales.

Los analistas advierten que la escasez de gas podría desencadenar una crisis en el sector de fertilizantes, lo que a su vez podría llevar a un aumento de la inflación alimentaria. Esto significa que los importadores de energía en Asia y Europa podrían enfrentar dos problemas simultáneos: la escasez de gas y el aumento de los precios de los alimentos. En este contexto, un precio del petróleo Brent en 100 dólares por barril podría considerarse manejable en comparación con las implicaciones más amplias de la crisis del gas.