La reciente escalada del conflicto en Irán ha generado una conmoción en el sector energético mundial, según Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Durante su visita a Canberra, Birol advirtió que esta guerra representa la mayor amenaza para la seguridad energética global en la historia, con la pérdida de 11 millones de barriles de petróleo diarios, el doble de lo que se experimentó en crisis anteriores de los años 70.

Además, el conflicto ha causado la pérdida de 140.000 millones de metros cúbicos de gas natural, cifra que duplica la reducción de suministro observada tras la invasión de Ucrania. La AIE ha comenzado a dialogar con países como México y Canadá para aumentar la producción y retrasar el mantenimiento de refinerías, aunque estas medidas podrían resultar insuficientes si el estrecho de Ormuz, crucial para el tráfico de petróleo, permanece cerrado.

Por su parte, Australia está considerando utilizar sus exportaciones de gas natural licuado (GNL) como herramienta de negociación para asegurar el flujo de petróleo de sus socios comerciales. Este enfoque podría ayudar a mantener abiertas las líneas de suministro, pero también podría intensificar el proteccionismo y generar una mayor incertidumbre en el mercado energético, lo que podría resultar en un aumento generalizado de los precios.

La situación actual resalta la fragilidad del sistema energético global y la interdependencia entre países productores y consumidores. La posibilidad de que otros países sigan el ejemplo de Australia al utilizar sus recursos energéticos como palanca de negociación podría alterar aún más el equilibrio del mercado, afectando a economías que dependen de las importaciones de energía, como Argentina.