La tasa de inflación general en Japón disminuyó por cuarto mes consecutivo en febrero, alcanzando un 1.3%, el nivel más bajo desde marzo de 2022. Este descenso se atribuye a la estabilización de los precios de los alimentos y a subsidios gubernamentales que protegen a los consumidores de los aumentos en los precios de la energía, en un contexto de conflicto en Medio Oriente que sigue afectando los mercados globales.

La inflación núcleo, que excluye los precios de alimentos frescos, se moderó a un 1.6%, por debajo de las expectativas de los analistas que preveían un aumento del 1.7%. A su vez, la inflación denominada "core-core", que excluye tanto alimentos frescos como energía, se situó en 2.5%, una ligera disminución respecto al 2.6% del mes anterior. Este comportamiento sugiere que las presiones inflacionarias podrían ser más persistentes de lo que indican los datos de inflación general.

El Banco de Japón ha mantenido su proyección de inflación núcleo para el año fiscal 2026 en un 1.9%, mientras que la inflación "core-core" se espera en un 2.2%. Sin embargo, el impacto de los subsidios sobre los precios de la energía y la reciente reducción de impuestos sobre la gasolina podrían influir en la trayectoria futura de la inflación, especialmente si el conflicto en Medio Oriente se prolonga, lo que podría llevar a un aumento en los precios de los commodities.

La reacción del mercado fue positiva, con el índice Nikkei 225 subiendo más del 2% tras la publicación de los datos. A pesar de la estabilidad del yen en el corto plazo, la situación económica de Japón sigue siendo delicada, con un crecimiento del PIB de solo 0.1% interanual en el cuarto trimestre del año pasado, lo que sugiere que la economía está en una fase de enfriamiento.

Los precios de los alimentos, especialmente el arroz, también han sido un tema central en el debate político, lo que podría influir en las decisiones del gobierno y en la percepción de los consumidores sobre la economía en general.