La llegada de la inteligencia artificial (IA) está transformando el mercado de acciones, y la gestora Kinea Investimentos compara este momento con la entrada de China en la OMC en 2001. Según Kinea, el mundo corporativo enfrenta su propio 'Día del Juicio Final', donde la pregunta no es si las máquinas avanzarán, sino dónde se concentrará el capital cuando estas tecnologías estén plenamente operativas. Este cambio radical en la productividad está llevando a las empresas a replantear sus estructuras y estrategias de inversión.

La IA ha evolucionado de ser un asistente limitado a convertirse en agentes capaces de realizar tareas complejas de manera autónoma. Se estima que los modelos más avanzados de IA pueden realizar el trabajo de un desarrollador junior en solo unas horas, lo que representa un avance significativo en comparación con las capacidades anteriores. Sin embargo, a pesar de su potencial, la adopción real de estas tecnologías aún se encuentra por debajo de lo que podría ser, lo que sugiere que el mercado está en una fase de transición.

Este contexto presenta tanto oportunidades como riesgos para los inversores. Mientras que algunas empresas están utilizando IA para mejorar su eficiencia y reducir costos, otras podrían ver sus valoraciones comprimidas debido a la disrupción que esta tecnología puede causar en sus modelos de negocio. La Kinea advierte que, aunque las acciones de software pueden parecer atractivas a precios bajos, esto podría ser un indicativo de una compresión estructural en sus valoraciones a largo plazo.

En este escenario, Kinea sugiere que los inversores deberían centrarse en las empresas que proporcionan la infraestructura necesaria para el crecimiento de la IA, como los proveedores de energía y tecnología. Estas compañías no solo facilitarán la expansión de la IA, sino que también podrían beneficiarse de su implementación, creando un entorno de inversión más seguro y potencialmente rentable en un mercado en constante evolución.