El conflicto en Irán ha llevado a un aumento significativo en los precios del petróleo, alcanzando los 100 dólares por barril. Este incremento ha tenido un efecto dominó en los mercados bursátiles, donde el S&P 500 cayó un 1.5% y el Dow Jones perdió 739 puntos, reflejando una creciente preocupación por la inflación global y la posible interrupción del suministro de petróleo en el Golfo Pérsico.

La situación se complica aún más con la declaración del nuevo líder supremo de Irán, quien ha prometido continuar los ataques a los vecinos árabes del Golfo y utilizar el estrecho de Ormuz como una herramienta de presión. Este estrecho es crucial, ya que por allí transita aproximadamente un quinto del petróleo mundial, y su cierre podría llevar los precios del crudo a niveles alarmantes, incluso hasta 150 dólares por barril, según analistas.

A pesar de los esfuerzos de la Agencia Internacional de Energía para mitigar el impacto mediante la liberación de reservas estratégicas, estas medidas son consideradas soluciones temporales. La incertidumbre económica se ve acentuada por datos recientes que sugieren un debilitamiento en la creación de empleo en EE.UU., lo que ha reavivado temores de una posible estanflación, donde el crecimiento económico se estanca mientras la inflación se mantiene alta.

En el ámbito corporativo, empresas con altos costos de combustible, como las aerolíneas y las compañías de cruceros, han sufrido pérdidas significativas en sus acciones. A medida que los inversores evalúan el impacto de estos factores en la economía, la volatilidad en los mercados podría persistir, afectando a los inversores en toda la región, incluida Argentina, que también se ve influenciada por los precios internacionales de las materias primas.