Brasil posee la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo, concentrando aproximadamente el 23,1% de los recursos globales mapeados. Este dato, revelado por un estudio del Centro Brasileiro de Relações Internacionais (Cebri) y el Ministerio de Minas y Energía, destaca la importancia estratégica de estos minerales en un contexto global donde la demanda por insumos para tecnologías limpias y defensa está en aumento. A pesar de esta abundancia, expertos advierten que la riqueza mineral no se traduce automáticamente en un liderazgo económico, lo que plantea interrogantes sobre cómo el país puede aprovechar este recurso.

Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos esenciales para la fabricación de tecnologías críticas, como imanes permanentes utilizados en vehículos eléctricos, turbinas eólicas y sistemas de defensa. En la actualidad, China domina el mercado, produciendo alrededor del 70% de las tierras raras a nivel mundial y controlando casi todas las etapas de procesamiento. Esta situación ha llevado a países como Estados Unidos y naciones europeas a buscar alternativas más confiables, lo que coloca a Brasil en una posición privilegiada para atraer inversiones y desarrollar su industria de tierras raras.

El interés internacional por las reservas brasileñas ha crecido notablemente, con un aumento del 291% en nuevos permisos de investigación para tierras raras entre 2023 y 2024. Además, se han anunciado inversiones por aproximadamente R$ 13,2 mil millones en proyectos relacionados. Sin embargo, actualmente solo la Mineração Serra Verde en Goiás produce tierras raras a escala comercial, mientras que otras empresas están en etapas de desarrollo. Esto pone de manifiesto que, aunque Brasil tiene un potencial significativo, aún enfrenta desafíos en la cadena de valor de estos minerales.

La cadena de valor de las tierras raras se divide en tres etapas: upstream (minería y beneficiamiento), midstream (separación y refino) y downstream (fabricación de productos de mayor valor agregado). Si bien Brasil ha avanzado en la minería, especialmente en depósitos de argilas de adsorción iónica, sigue dependiendo de la importación para las fases más sofisticadas, donde se genera el mayor valor económico. Esto indica que el país necesita desarrollar capacidades nacionales en procesamiento y transformación industrial para no repetir el modelo de exportación de materias primas con bajo valor agregado.

El estudio sugiere que Brasil debe adoptar una estrategia gradual para fortalecer su industria, comenzando por mejorar la capacidad de separación y refino, que es el principal cuello de botella en el sector. Las recomendaciones incluyen la reducción de riesgos regulatorios, el aumento de financiamiento y el fomento de la innovación. A largo plazo, se busca crear una cadena integrada que abarque desde la minería hasta la fabricación de componentes avanzados. Esta es una oportunidad histórica para Brasil de posicionarse como un jugador clave en las cadenas globales de minerales críticos, lo que podría tener implicaciones significativas para su economía y su papel en el comercio internacional.