Recientemente, un informe de Citi ha puesto de relieve un aspecto crítico en el mundo de las criptomonedas: el riesgo que representa la computación cuántica para Bitcoin en comparación con Ethereum. Según el análisis, las mejoras en la computación cuántica han acortado el tiempo necesario para realizar ataques prácticos a los activos digitales. Este hallazgo es particularmente alarmante para los tenedores institucionales de Bitcoin, ya que la criptomoneda enfrenta un riesgo cuántico significativamente mayor que Ethereum, lo que podría tener implicaciones profundas para su seguridad y viabilidad a largo plazo.

La investigación de Citi se basa en un estudio previo realizado por Google Quantum AI en colaboración con la Universidad de Stanford y la Fundación Ethereum, que reveló que los recursos computacionales necesarios para romper la criptografía fundamental de Bitcoin son aproximadamente 20 veces menores de lo que se había estimado anteriormente. Un ordenador cuántico suficientemente avanzado podría derivar una clave privada de Bitcoin de su clave pública en aproximadamente nueve minutos. Aunque este tipo de máquina no existe en la actualidad, el tiempo para actuar de manera responsable se está reduciendo rápidamente, lo que plantea serias dudas sobre la seguridad de Bitcoin.

Nic Carter, cofundador de Coin Metrics, ha estado advirtiendo sobre este riesgo desde hace meses, describiendo la computación cuántica como el mayor riesgo a largo plazo para la criptografía central de Bitcoin. Según sus estimaciones, un ordenador cuántico podría romper de manera significativa la criptografía de curva elíptica tan pronto como en 2028, lo que podría dejar vulnerables a aproximadamente 6.9 millones de BTC, incluyendo billeteras heredadas y salidas de Taproot. Esto representa más del 21% de todas las transacciones de Bitcoin en 2025, lo que subraya la magnitud del problema.

Por otro lado, Ethereum ha tomado un enfoque proactivo hacia la resistencia cuántica, con un plan estructurado ya en ejecución. La actualización Pectra, lanzada en mayo de 2025, introdujo un paso crítico hacia la abstracción de cuentas, permitiendo que las cuentas individuales elijan su propia verificación de firma y cambien a firmas seguras contra cuánticas de manera voluntaria. La próxima bifurcación dura Hegotá, programada para la segunda mitad de 2026, integrará aún más esta capacidad a nivel de protocolo. Este enfoque contrasta marcadamente con la parálisis de gobernanza de Bitcoin, que es intencionalmente conservadora y lenta en su evolución.

Para los tesoreros corporativos y los gestores de riqueza soberana, el riesgo cuántico ya no es un escenario marginal que se puede ignorar. Las agencias federales de EE. UU. enfrentan un plazo de abril de 2026 para presentar planes de transición a la criptografía post-cuántica, y la UE ha establecido un objetivo de resistencia cuántica para infraestructuras críticas para 2030. Esta arquitectura de cumplimiento se extenderá con el tiempo a las tenencias de tesorería de activos digitales, lo que pone a Bitcoin en una posición vulnerable si no se actúa con urgencia.

La pregunta que deben hacerse las instituciones que sostienen Bitcoin es si están cómodas con un activo cuya hoja de ruta de resistencia cuántica aún está en borrador y cuya gobernanza avanza a un ritmo geológico. En contraste, Ethereum ofrece un camino de actualización estructurado y transparente que ya está en marcha. Si las advertencias de Carter y Google son correctas, esta distinción será crucial y podría tener repercusiones significativas en el futuro cercano.