- El crecimiento del subsector agrícola fue del 5.5% en el último año, superando la economía general.
- Las agroexportaciones crecieron un 6.9% en el primer trimestre de 2026, pero la agricultura familiar enfrenta serios desafíos.
- El 93.7% de los trabajadores agrícolas son informales, con un salario promedio de S/ 898.
- El 65.6% de los campos agrícolas depende de lluvias, y solo el 19.1% utiliza riego tecnificado.
- Cuatro megaproyectos de irrigación paralizados desde 2019 podrían beneficiar a 111,000 hectáreas y generar más de 400,000 empleos directos.
- Las propuestas del nuevo Gobierno sobre infraestructura hídrica y apoyo a la agricultura familiar serán clave para el desarrollo del sector.
El subsector agrícola en Perú, que representa el principal generador de empleo en el país, ha mostrado un crecimiento del 5.5% en el último año, superando el crecimiento general de la economía que fue del 3.4%. Sin embargo, en el primer trimestre de 2026, este crecimiento se desaceleró a solo un 1.3%, tras una caída del 2.1% en marzo. Este contraste resalta la fragilidad del sector, que a pesar de sus aportes, enfrenta serias dificultades que requieren atención urgente por parte del nuevo Gobierno.
Las agroexportaciones, que son vitales para el sustento del subsector, crecieron un 6.9% en los primeros tres meses del año, lo que indica que la agricultura familiar y para consumo interno aún enfrenta retos significativos. Según ComexPerú, el sector agropecuario concentra el 22.5% del empleo nacional y el 76.5% del empleo rural, pero su desarrollo se ve limitado por factores como la informalidad, que afecta al 93.7% de los trabajadores del sector, y en zonas rurales, este porcentaje se eleva a un alarmante 98.8%. Esto se traduce en bajos salarios, donde un trabajador agrícola promedio percibe solo S/ 898, comparado con S/ 1,164 en áreas urbanas.
La falta de acceso a recursos hídricos es otro obstáculo crítico. Un 65.6% de los campos agrícolas aún depende de las lluvias, mientras que solo el 19.1% utiliza sistemas de riego tecnificados. Además, el uso de semillas certificadas, que son fundamentales para mejorar la producción, se limita a solo el 20.7% del área sembrada. La capacitación técnica de los productores también ha disminuido, con solo un 6.5% recibiendo formación en los últimos años, lo que afecta directamente la productividad del sector.
El nuevo Gobierno enfrenta el reto de abordar estos problemas de manera integral. La infraestructura hídrica es crucial, y aunque hay cuatro megaproyectos de irrigación paralizados desde 2019 que podrían beneficiar a 111,000 hectáreas y generar más de 400,000 empleos directos, su avance ha sido lento. La propuesta de Juntos por el Perú de priorizar la pequeña infraestructura hidráulica y la redistribución de derechos de agua podría ser un cambio significativo, pero también se requiere un enfoque en los grandes proyectos de irrigación que han demostrado su eficacia en el pasado.
A futuro, los inversores deben estar atentos a las políticas que implemente el nuevo Gobierno en el sector agrícola, especialmente en relación con la infraestructura hídrica y el apoyo a la agricultura familiar. Las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina, y las propuestas de los candidatos reflejan diferentes enfoques que podrían influir en la dirección del sector. La capacidad del nuevo Gobierno para abordar la informalidad y mejorar las condiciones laborales será fundamental para el desarrollo sostenible del agro en Perú.
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