El dólar global retrocede un 0,24% hasta los 99,77 puntos, tras haber alcanzado un máximo de 100,21 puntos el lunes, el nivel más alto desde abril. Este descenso se produce en un contexto donde las tensiones entre Irán e Israel han disminuido, lo que ha generado optimismo entre los inversores respecto a un posible acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz, una vía crucial para el transporte de petróleo. La caída del dólar se produce a pesar de las expectativas de que la Reserva Federal de EE.UU. podría aumentar las tasas de interés a finales de este año, lo que tradicionalmente fortalecería la divisa estadounidense.

La economía estadounidense ha mostrado una notable resiliencia frente a las crisis energéticas, lo que ha llevado a los inversores a buscar refugio en el dólar durante el conflicto en Medio Oriente. Sin embargo, la posibilidad de un acuerdo de paz ha llevado a una venta del dólar frente al euro y al yen japonés, ya que los mercados anticipan un alivio en los precios del petróleo. El euro, por su parte, ha subido un 0,1% hasta alcanzar 1,1545 dólares, recuperándose de un mínimo de dos meses.

El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro, que se dispararon tras la publicación de datos laborales más fuertes de lo esperado, ha alimentado las expectativas de un aumento de tasas por parte de la Reserva Federal. Los inversores están a la espera de los datos de inflación que se publicarán el miércoles, lo que podría influir en las decisiones futuras de política monetaria. La creación de empleo en EE.UU. ha superado las expectativas, lo que refuerza la idea de que la economía sigue en expansión, a pesar de las presiones inflacionarias.

Las tensiones en Medio Oriente también han tenido un impacto en los mercados bursátiles. Los futuros de los índices bursátiles estadounidenses han mostrado un aumento, impulsados por la mejora del sentimiento del mercado tras la disminución de las hostilidades. Las acciones de semiconductores han continuado su tendencia alcista, lo que ha contribuido a un ambiente más optimista en los mercados. Sin embargo, el sector tecnológico, especialmente el de los fabricantes de chips, ha enfrentado una presión vendedora tras las decepcionantes previsiones de algunas empresas del sector.

A medida que se aproxima la reunión del Banco Central Europeo, donde se espera un aumento de tasas de 25 puntos básicos, los inversores deberán estar atentos a cómo estos movimientos monetarios en Europa y EE.UU. pueden influir en el mercado cambiario y en la economía global. La posibilidad de un acuerdo entre EE.UU. e Irán podría proporcionar un respiro temporal, pero las presiones inflacionarias y el crecimiento sostenido en EE.UU. seguirán siendo factores determinantes en el futuro cercano.