Recientemente, un análisis del Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA) ha revelado que China ha modificado la forma en que mide sus emisiones de carbono, lo que ha permitido que el país presente cifras que ocultan un aumento significativo en sus emisiones reales. Entre 2020 y 2025, se estima que el país asiático ha incrementado sus emisiones en aproximadamente 700 millones de toneladas de CO₂ anuales, un volumen comparable a las emisiones de Alemania o Corea del Sur. Esta revisión en la contabilidad de emisiones ha generado un debate sobre la transparencia y la veracidad de los datos climáticos de China, que se ha posicionado como líder en la expansión de energías renovables a nivel global, pero que aún depende en gran medida del carbón para su economía.

La metodología revisada excluye ciertas emisiones industriales y ha llevado a una aparente disminución del 17,7% en la intensidad de carbono, en contraste con la reducción del 12,4% que se habría reportado sin este ajuste. Este cambio en la contabilidad permite que China declare haber alcanzado un pico en sus emisiones antes de 2030, un compromiso central de su política climática, aunque en la práctica las emisiones absolutas continúan en aumento. En 2025, el país quemó 3,17 mil millones de toneladas de carbón, lo que subraya su dependencia de este combustible fósil a pesar de los avances en energías limpias.

La controversia en torno a la revisión de datos se produce en un contexto de creciente presión internacional para que China cumpla con sus compromisos climáticos. La falta de transparencia en la metodología utilizada para calcular la intensidad de carbono ha suscitado críticas, ya que muchos analistas consideran que el país ha optado por una definición que le favorece en un momento en que necesita mostrar progreso. Esto plantea interrogantes sobre la fiabilidad de los datos climáticos de China y su impacto en las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, especialmente en el marco del Acuerdo de París.

Para los inversores, la situación es compleja. La revisión de la contabilidad de emisiones podría influir en las políticas comerciales, especialmente con la implementación del Mecanismo de Ajuste de Carbono en la Frontera de la Unión Europea, que exige a los importadores adquirir certificados de carbono. Esto podría afectar las exportaciones chinas y, por ende, las relaciones comerciales con países que buscan reducir su huella de carbono. Además, la percepción de que China está debilitando sus metas climáticas podría generar incertidumbre en los mercados de energía renovable y en las inversiones relacionadas con la sostenibilidad.

A futuro, es crucial monitorear cómo China manejará sus compromisos climáticos y si implementará cambios en su metodología de medición que sean más transparentes y verificables. La próxima revisión de su 15º Plan Quinquenal, que establece metas de reducción de intensidad de carbono, será un indicador clave de su dirección en términos de política ambiental. Asimismo, la reacción de la comunidad internacional y cómo esto afectará las relaciones comerciales y las inversiones en energías renovables serán factores a seguir de cerca en los próximos años.