La reciente escalada del conflicto en Medio Oriente ha llevado a un cierre efectivo del estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Este cierre, aunque no formal, ha sido declarado por la Guardia Revolucionaria de Irán, lo que ha resultado en una drástica reducción del tráfico de tanqueros y un aumento significativo en las primas de riesgo de guerra, lo que ha llevado a la suspensión de operaciones de importantes líneas de contenedores como Maersk y CMA CGM.

Los precios del petróleo han superado los 115 dólares por barril, con el crudo Brent alcanzando los 119 dólares, lo que representa un aumento del 50% desde el inicio de los ataques. Este aumento en los precios del petróleo y del gas natural licuado (GNL) está generando un efecto dominó en la economía global, afectando no solo los costos de energía, sino también los precios de los alimentos y otros bienes esenciales, ya que la producción agrícola depende en gran medida de los fertilizantes que, a su vez, son producidos a partir de gas natural.

La crisis no solo se limita a los precios de la energía; el transporte aéreo y marítimo también se ha visto gravemente afectado, con una reducción del 18% en la capacidad de carga aérea global. Esto ha llevado a un aumento en los costos de envío y a retrasos en la entrega de productos, lo que podría impactar a los consumidores en todo el mundo, incluyendo a Argentina, donde los precios de importación podrían aumentar debido a estas tensiones.

Los efectos de esta crisis se sentirán a largo plazo, ya que los aumentos en los precios de los insumos agrícolas y los costos de transporte no se revertirán rápidamente. Los analistas advierten que la inflación podría aumentar significativamente en varios países, lo que podría afectar el poder adquisitivo de los consumidores y la estabilidad económica en general.