A partir de mayo, el costo de la energía para aproximadamente 6.000 industrias en Argentina ha experimentado un aumento significativo, superando los US$ 105 por megawatt hora (MWh) en el mercado spot. Este incremento se debe al encarecimiento de los combustibles utilizados para generar electricidad, exacerbado por la guerra en Medio Oriente. En abril, el precio promedio se encontraba en torno a los US$ 58 por MWh, lo que implica que el nuevo valor casi duplica el anterior, generando preocupaciones sobre la sostenibilidad de muchas industrias que dependen de estos suministros.

La compañía estatal Cammesa, responsable del despacho de energía eléctrica, ha señalado que este aumento en los precios es resultado de la reforma eléctrica implementada en noviembre pasado. Esta reforma ha llevado a que los Grandes Usuarios de Distribuidora (GUDI) dependan en gran medida de la energía generada por centrales termoeléctricas que utilizan combustibles más costosos, especialmente durante el invierno. A medida que la demanda de gas natural local se redirige para uso residencial, las industrias deben recurrir a alternativas más caras como el gas natural licuado (GNL) importado y el gasoil, que actualmente superan los US$ 20 por millón de BTU.

La proyección inicial de Cammesa para mayo era que el precio de la energía se mantendría alrededor de los US$ 65 por MWh, pero las condiciones actuales han llevado a una revisión de esta estimación. La escalada de precios internacionales ha superado las expectativas, lo que ha llevado a un escenario donde incluso las industrias que habían optado por contratos anuales podrían verse afectadas. Muchos de estos contratos incluyen cláusulas que permiten a los generadores no cumplir con las entregas si sus costos de producción aumentan, lo que podría obligar a las empresas a comprar energía en el mercado spot en un momento de precios elevados.

El impacto de estos aumentos en los costos de energía variará según el sector industrial, ya que la energía tiene diferentes niveles de incidencia en la matriz de costos de cada industria. Sin embargo, se estima que el costo final de la energía para las industrias podría ser hasta tres veces superior al registrado en abril. Esto plantea un desafío significativo para las empresas, que podrían enfrentar márgenes de ganancia reducidos y la necesidad de ajustar sus estrategias operativas y de contratación.

Mirando hacia el futuro, se anticipa que la situación podría empeorar en junio y julio, meses que suelen ser más severos en términos de demanda energética. Las proyecciones privadas sugieren que el precio de la energía podría alcanzar entre US$ 130 y US$ 150 por MWh. Además, el cargo de potencia que deben afrontar los GUDI, que oscila entre US$ 15 y US$ 20 por MWh, incrementará aún más el costo total. Las facturas de energía se emitirán con un retraso de aproximadamente 75 días, lo que significa que muchas industrias tendrán poco tiempo para reaccionar ante estos cambios de costos, lo que podría llevar a una crisis en la gestión de sus presupuestos energéticos.