La agropecuaria brasileña, que comenzó el año con un crecimiento del 2% en el primer trimestre, enfrenta un panorama sombrío a medida que se anticipa una caída en su producción hasta 2027. Este cambio se debe principalmente a la posible formación del fenómeno climático El Niño, que podría causar sequías y lluvias excesivas en regiones clave para la producción agrícola. Aunque las cosechas de este año no se verán gravemente afectadas, los expertos advierten que los efectos de El Niño se sentirán más intensamente en 2027, cuando se espera una reducción significativa en la producción agrícola.

El último evento de El Niño de gran magnitud, que ocurrió entre 2014 y 2015, dejó a los productores brasileños con recuerdos amargos, ya que se registró la mayor pérdida de cosechas en la historia del país. Este fenómeno climático, que afecta de manera desigual a las distintas regiones de Brasil, podría comenzar a manifestarse entre junio y julio, lo que podría retrasar los plantíos y, en consecuencia, impactar negativamente en las cosechas futuras. Carlos Cogo, de Cogo Inteligência em Agronegócios, señala que el El Niño provoca sequías severas en el Centro-Norte y lluvias intensas en el Sur, lo que complica aún más la situación para los agricultores.

Además de los riesgos climáticos, los productores enfrentan un aumento en los costos de producción, particularmente en los fertilizantes, que han visto un incremento debido a la guerra en el Medio Oriente. Este aumento en los costos no solo afecta la rentabilidad de los productores, sino que también puede llevar a una disminución en la calidad de los insumos utilizados, lo que a su vez podría comprometer la productividad de las cosechas. Los economistas estiman que el PIB del agronegocio podría caer un 0,9% este año, lo que refleja un cambio significativo en comparación con el crecimiento del 12% registrado en el año anterior.

La situación actual se agrava por el contexto de tasas de interés elevadas que incrementan el endeudamiento de los productores. Esto puede llevar a que muchos agricultores reduzcan la superficie sembrada o utilicen tecnologías menos eficientes, lo que impactará negativamente en la productividad. La combinación de estos factores, junto con la presión de precios más bajos en las commodities, crea un entorno desfavorable para el agronegocio brasileño, que es un pilar fundamental de la economía del país.

De cara al futuro, es crucial monitorear la evolución del fenómeno de El Niño y su confirmación oficial, que se espera para las primeras semanas de junio. Los productores deben prepararse para posibles retrasos en los plantíos y evaluar sus estrategias de producción para mitigar los efectos de los costos crecientes de los fertilizantes. Con la cosecha de este año ya en marcha, el verdadero impacto de estos desafíos se sentirá en 2027, cuando se espera que los agricultores enfrenten mayores dificultades para mantener sus niveles de producción y rentabilidad.