Los precios de la hacienda bovina han experimentado una caída del 15% en los últimos tres meses, una corrección significativa tras los picos históricos alcanzados a mediados de febrero de 2026. Sin embargo, esta baja aún no se ha reflejado en los precios de la carne que los consumidores encuentran en los mostradores. Durante gran parte del año pasado, el mercado ganadero argentino vivió un proceso de aumento de precios sin precedentes, impulsado por una oferta ajustada y una demanda creciente. Desde junio de 2025, los precios de la hacienda en el Mercado Agroganadero de Cañuelas (MAG) se dispararon, alcanzando un aumento del 28% para los novillos y de hasta un 33% para las vaquillonas hasta febrero de este año.

A partir de marzo de 2026, la tendencia comenzó a revertirse, con una caída en los precios de la hacienda que se ha ido profundizando. Este cambio se debe a una combinación de factores, incluyendo una mayor presión de oferta, ya que los productores y feedlots necesitan vender para mantener su flujo de caja. Además, el consumo interno se ha visto afectado por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, lo que ha llevado a una demanda más selectiva en los remates. Solo los lotes de mejor calidad están generando competencia entre compradores, lo que indica una desaceleración en el mercado.

La discrepancia entre el precio de la hacienda y el de la carne al consumidor es notable. En lo que va de 2026, el precio de la carne ha aumentado un 13%, mientras que el ganado en pie solo ha crecido un 6%. Esta diferencia se debe a la inercia en la formación de precios en la cadena de producción de carne. Los costos asociados a la faena, el transporte, la distribución y otros gastos operativos no se ajustan al mismo ritmo que los precios de la hacienda, lo que históricamente ha llevado a que las bajas en el precio de la hacienda tarden más en trasladarse al consumidor que las subas.

El impacto de esta situación es evidente en el consumo de carne vacuna, que ha caído a niveles mínimos históricos. Por primera vez, los argentinos consumieron más pollo que carne vacuna en 2025, con un promedio de 49,3 kilos de productos avícolas por habitante frente a 48,5 kilos de carne bovina. En los últimos meses, el consumo anualizado de carne vacuna ha descendido a aproximadamente 44 kilos por persona, lo que refleja las dificultades del mercado interno para absorber mayores aumentos de precios.

Sin embargo, la situación no es completamente negativa para el mercado ganadero. Las exportaciones de carne vacuna están en un momento favorable, con una recuperación de los precios internacionales y una demanda firme de los principales destinos. En abril, las exportaciones superaron las 46.000 toneladas, generando ingresos por más de 320 millones de dólares. Aproximadamente un tercio de la producción nacional de carne se destina a mercados externos, lo que ayuda a sostener los precios de la hacienda a pesar de la debilidad del consumo interno. China sigue siendo el principal comprador, mientras que Estados Unidos y la Unión Europea muestran una demanda constante por cortes de mayor valor.

A medida que se avanza en 2026, es crucial observar cómo se desarrollan las dinámicas de precios tanto en el mercado interno como en el externo. La capacidad del mercado interno para absorber aumentos de precios será determinante, así como la evolución de la demanda internacional, que podría influir en la estabilidad de los precios de la hacienda y, por ende, en los precios de la carne al consumidor. Las próximas semanas serán clave para evaluar si la tendencia de caída en los precios de la hacienda se traduce finalmente en una reducción de precios para el consumidor argentino.