La economía peruana experimentó un crecimiento del 3.5% durante el primer trimestre de 2023, impulsada principalmente por un notable dinamismo en la demanda interna, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Este crecimiento se vio favorecido por un contexto de mejores cotizaciones internacionales para los productos mineros y una apreciación del sol peruano frente al dólar, lo que permitió un avance del 7% en la demanda interna durante el verano.

El principal motor detrás de este crecimiento fue la formación bruta de capital fijo, que incluye tanto la inversión pública como la privada, la cual aumentó un 11.9% entre enero y marzo. Aunque la inversión pública mostró un modesto incremento del 0.3%, la inversión privada se disparó un 15.9%, impulsada por un aumento en la ejecución de proyectos de ampliación y remodelación de viviendas, así como en obras de ingeniería civil. Este aumento en la inversión privada es un indicativo de un renovado interés en el sector de la construcción, que creció un 13.3% en el mismo periodo.

En términos de consumo, las familias peruanas también mostraron un comportamiento positivo, con un aumento del 3.6% en sus gastos, gracias al incremento del empleo urbano y un alza del 9.7% en los ingresos laborales. Este mayor poder adquisitivo se tradujo en un incremento del 13.1% en los gastos destinados a alimentos, destacando productos como carne, frutas, café y leche. Este crecimiento en el consumo es un signo alentador para el mercado interno, que puede verse beneficiado por un mayor dinamismo en la economía.

Desde el lado de la oferta, las actividades de transformación y servicios también contribuyeron al crecimiento, con incrementos del 5.6% y 3.4%, respectivamente. En particular, el sector de alojamiento y restaurantes creció un 5.9% debido a un aumento en el turismo tanto internacional como interno, lo que es significativo dado que el turismo es un sector clave para la economía peruana. Sin embargo, las actividades extractivas enfrentaron un leve retroceso del 0.4%, afectadas por caídas en la producción de pesca y acuicultura, así como en la extracción de petróleo y gas natural.

Las importaciones de bienes y servicios crecieron un 12.6%, impulsadas por la mayor adquisición de automóviles y maquinaria industrial, mientras que las exportaciones mostraron un crecimiento más moderado del 1.3%. Este crecimiento en las importaciones, junto con un aumento en la inversión minera del 30.8%, sugiere un entorno económico activo, aunque también plantea preguntas sobre la balanza comercial a futuro. Para los inversores, este panorama podría traducirse en oportunidades en sectores como la construcción y el consumo, pero también en riesgos asociados a la dependencia de las exportaciones de productos mineros.

A futuro, es crucial monitorear cómo se desarrollan las políticas económicas bajo la nueva administración presidencial y su impacto en la inversión pública y privada. Las elecciones presidenciales de 2026 podrían marcar un punto de inflexión en la dirección económica del país, y los inversores deben estar atentos a las señales que emita el nuevo gobierno en cuanto a sus prioridades económicas y fiscales. Además, el comportamiento de los precios internacionales de los productos mineros seguirá siendo un factor determinante para el crecimiento económico de Perú en el corto y mediano plazo.