Perú se encuentra en una situación crítica en términos de recaudación tributaria, ocupando el puesto 23 de 28 países en América Latina y el Caribe, según el informe de la CEPAL. Para el año 2024, se estima que la recaudación tributaria alcanzará solo el 16.3% del Producto Bruto Interno (PBI), lo que lo sitúa entre los países con menor presión tributaria de la región, superando apenas a Paraguay, República Dominicana, Guatemala, Panamá y Guyana.

Este bajo nivel de recaudación no es un fenómeno reciente; de hecho, Perú ha experimentado una caída en la recaudación tributaria como porcentaje del PBI desde 2014. A pesar de beneficiarse en ciertos años de los altos precios de los metales que exporta, la presión tributaria ha permanecido estancada. Luis Arias Minaya, exjefe de la SUNAT, señala que la recaudación tiende a regresar a niveles cercanos al 14% del PBI cuando los precios internacionales de los metales caen o se estabilizan, lo que indica un problema estructural en el sistema tributario del país.

El informe de actualización de proyecciones macroeconómicas del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) también sugiere que la situación no mejorará en el corto plazo. Aunque se proyecta un crecimiento del 5.3% en los ingresos del gobierno general para 2026, la presión tributaria se mantendría en niveles históricamente bajos, alrededor del 14.6% del PBI. Esto limita la capacidad del Estado para financiar las crecientes demandas sociales, lo que podría tener implicaciones graves para la estabilidad macroeconómica del país.

Los problemas estructurales que enfrenta Perú incluyen un alto incumplimiento tributario, que se estima en un 9.3% del PBI en 2024, y gastos tributarios que alcanzan el 2.2% del PBI en 2025. La falta de control sobre los beneficios tributarios, como las exoneraciones, ha generado una pérdida significativa de ingresos. Además, la informalidad y la minería ilegal complican aún más la situación, creando un entorno donde la evasión fiscal se convierte en un problema persistente.

De cara al futuro, el MEF proyecta que los ingresos fiscales se mantendrán estables entre 2027 y 2029, lo que sugiere que no se esperan avances significativos en la recaudación tributaria. Esto podría llevar a un aumento del déficit fiscal y la deuda pública, posponiendo una crisis fiscal que ya se está incubando. Las propuestas de los candidatos presidenciales para las elecciones de 2026 podrían influir en la dirección de la política fiscal, pero hasta ahora, no se vislumbran alternativas que aborden de manera efectiva los problemas estructurales del sistema tributario peruano.