A medida que Perú se adentra en un proceso electoral, el consumo ha comenzado a mostrar signos de debilidad, reflejando una caída del 15% en las ventas de sectores clave como tecnología y electrodomésticos. Este cambio en el comportamiento del consumidor se manifiesta no solo en una menor disposición al gasto, sino también en una transformación significativa de los hábitos de compra. Los hogares ahora planifican más sus compras, reducen las compras impulsivas y priorizan categorías esenciales, lo que afecta directamente a los bienes de mayor valor y carácter aspiracional.

La presidenta del Gremio Retail y Distribución de la Cámara de Comercio de Lima, Leslie Passalacqua, ha señalado que el consumidor peruano es altamente sensible a la incertidumbre política, lo que se traduce en una baja inmediata en las ventas. Durante períodos de inestabilidad, los consumidores tienden a postergar decisiones de compra no urgentes, comparar precios más exhaustivamente y explorar múltiples canales de compra, incluyendo plataformas digitales y redes sociales. Esto ha llevado a un cambio notable en el comportamiento de compra, donde los sectores de consumo discrecional, como tecnología, moda y calzado, son los más afectados.

Por otro lado, categorías esenciales como alimentos y productos de higiene personal han mostrado una mayor estabilidad en sus ventas. Este fenómeno se alinea con el análisis de Joaquín Valle del Olmo, quien explica que la incertidumbre política activa un “modo de preservación” en el consumidor, caracterizado por la reducción del gasto discrecional y un aumento en el ahorro preventivo. Las empresas también han comenzado a notar cambios en el comportamiento del consumidor, como la migración hacia formatos más pequeños y un aumento en las visitas a tiendas de descuento y mayoristas.

Las marcas propias y los productos de menor precio han ganado terreno, convirtiéndose en una estrategia estructural de ahorro para muchas familias. La búsqueda intensiva de promociones ha emergido como uno de los principales motores de compra, lo que ha llevado a las empresas a adaptar sus estrategias de marketing y ventas. A pesar de la cautela generalizada, se espera que el consumo mantenga cierta resiliencia, impulsado por la estabilidad macroeconómica y la recuperación del empleo formal. Sin embargo, el ruido político sigue siendo un factor que puede ralentizar el dinamismo del consumo en el corto plazo.

A medida que se aproxima la campaña del Mundial de fútbol, se anticipa un posible impulso en categorías como tecnología y electrodomésticos, aunque este efecto podría estar atenuado por el comportamiento prudente del consumidor. La confianza del consumidor ha mostrado signos de deterioro, con un indicador de expectativas económicas que ha caído a 44.6 puntos, lo que sugiere que los hogares continuarán priorizando la canasta básica y postergando gastos de mayor valor mientras se define el panorama político y económico del país. En este contexto, es crucial que las empresas adapten sus estrategias y enfoquen sus esfuerzos en comunicar el valor y la utilidad de sus productos, en lugar de entrar en una guerra de precios.

En resumen, el comportamiento del consumidor en Perú está cambiando significativamente debido a la incertidumbre política, lo que impacta en las decisiones de gasto y ahorro. Las empresas deben estar atentas a estas tendencias y ajustar sus estrategias para satisfacer las nuevas demandas del mercado. Con las elecciones a la vista, el monitoreo de la confianza del consumidor y las tendencias de compra será esencial para anticipar el comportamiento del mercado en los próximos meses.