En los últimos años, el enfoque de la competencia en los mercados de capital ha comenzado a cambiar. Durante décadas, la pregunta dominante fue quién podía operar más rápido y acceder a la liquidez de manera más eficiente. Sin embargo, este paradigma está evolucionando hacia una competencia más profunda en la infraestructura financiera. Las firmas que han comenzado a prestar atención a este cambio podrían estar en una posición ventajosa en el futuro.

La modernización de los sistemas de comercio electrónico ha reducido las brechas informativas que antes separaban a los participantes del mercado. La liquidez ahora está fragmentada en múltiples plataformas y clases de activos, lo que dificulta que una sola firma mantenga una ventaja competitiva únicamente a través de la velocidad o el enrutamiento de órdenes. En muchos segmentos del mercado, la calidad de ejecución se ha convertido en una mercancía, lo que lleva a un cambio de enfoque hacia las estructuras que determinan cómo se mantienen, transfieren y liquidan los activos después de que se ejecuta una operación.

Un ejemplo concreto de esta nueva dinámica se presentó el 21 de mayo, cuando REAL Technologies, empresa matriz de REAL Finance, firmó un acuerdo de infraestructura de valores con Factori AD, un corredor de inversión regulado por la UE. Este acuerdo permite que Factori AD mantenga la responsabilidad total del onboarding de clientes, cumplimiento de KYC y AML, ejecución OTC y custodia segregada, mientras que los flujos de activos institucionales se coordinan a través de la infraestructura de REAL Finance. Este tipo de innovaciones refleja un patrón creciente en los mercados, donde los nuevos modelos de infraestructura se superponen a los marcos regulados existentes.

La importancia de la infraestructura post-comercio ha aumentado considerablemente. Las expectativas regulatorias en torno a la transparencia, la gestión de riesgos y la presentación de informes están en aumento, lo que pone de manifiesto las limitaciones de los sistemas heredados. Muchos de estos sistemas fueron diseñados hace décadas y dependen de bases de datos fragmentadas y múltiples intermediarios, lo que introduce costos operativos y retrasos. A medida que aumenta el volumen y la complejidad de los activos que fluyen a través de estos sistemas, la fricción que generan se vuelve más visible y costosa.

Desde la perspectiva de los inversores, esta transformación en la infraestructura de capital puede tener implicaciones significativas. Las instituciones que logren modernizar sus sistemas de manera efectiva podrían ver mejoras en sus márgenes de entre el 15% y el 20%, según proyecciones de Deloitte. Además, el desarrollo de plataformas para la negociación y liquidación de valores digitales, como el que está llevando a cabo la Bolsa de Nueva York, podría abrir nuevas oportunidades de inversión y diversificación en el futuro. A medida que la competencia se desplaza hacia la infraestructura, es crucial observar qué empresas están construyendo los sistemas que sostendrán la próxima generación de mercados de capital.

En conclusión, el panorama de los mercados de capital está cambiando, y las instituciones que se adapten a estas nuevas realidades estarán mejor posicionadas para prosperar. La modernización de la infraestructura financiera no es solo una mejora de eficiencia, sino una reconfiguración estructural de cómo funcionan los mercados de capital. Los inversores deben estar atentos a las empresas que lideran esta transformación y a los desarrollos regulatorios que podrían facilitar o frenar este proceso en el futuro.