En el primer trimestre de 2026, el gasto público en Colombia superó por primera vez desde 2006 a la inversión, alcanzando un 15,9% del Producto Interno Bruto (PIB), en comparación con el 15,7% de la inversión. Este cambio refleja un entorno de estrechez fiscal que genera incertidumbre en la atracción de capitales, lo que podría tener repercusiones a largo plazo en la economía colombiana. A pesar de que el PIB creció un 2,2% en este periodo, la inversión bruta experimentó una contracción del 3%, lo que indica una desaceleración en la formación de capital en el país.

El crecimiento del gasto público se vio impulsado principalmente por la administración pública, defensa, educación y salud, que en conjunto crecieron un 5,7%. Dentro de este rubro, la educación tuvo el mayor crecimiento con un 9,5%. Sin embargo, la inversión fija, aunque creció un 3,7% en comparación con el trimestre anterior, aún se encuentra por debajo de los niveles necesarios para sostener un crecimiento económico robusto. La inversión en maquinaria y equipo, que aumentó un 12,8%, fue uno de los pocos aspectos positivos en un panorama de inversión en general debilitado.

La caída en la inversión bruta se atribuye a una disminución en los inventarios, lo que sugiere que las empresas están siendo cautelosas en sus decisiones de inversión. Alejandro Reyes, economista principal de Bbva Research, señala que la menor entrada de edificaciones residenciales y no residenciales está afectando la capacidad de crecimiento económico del país. Esta situación se agrava en sectores críticos como la infraestructura y el minero-energético, que han visto una reducción en la inversión, lo que podría tener efectos adversos en la creación de empleo y en la actividad económica regional.

La Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) advirtió que el menor dinamismo en la formación de capital está generando presiones sobre el mercado de arriendos y limitando el acceso a la vivienda para la clase media. Esto se traduce en un entorno de creciente incertidumbre para los inversores, que perciben un deterioro fiscal y una falta de claridad en las políticas económicas a corto plazo. La situación es preocupante, ya que podría debilitar el crédito y limitar el crecimiento futuro, lo que se traduce en un desbalance en el modelo de crecimiento del país.

A medida que se avanza en el año, será fundamental observar cómo se desarrollan las políticas fiscales y si se implementan medidas que fomenten la inversión. La recuperación de la inversión es crucial para sostener el crecimiento económico y evitar una mayor contracción en sectores clave. Los próximos meses serán decisivos para determinar si Colombia puede revertir esta tendencia y atraer capitales necesarios para impulsar su economía, especialmente en un contexto regional donde Brasil también enfrenta desafíos similares en su gasto público y crecimiento económico.