La administración de Estados Unidos, a través de la Representación Comercial (USTR), ha manifestado su intención de no abandonar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), sino de mejorarlo mediante la implementación de nuevas reglas de origen. Jeffrey Goettman, subrepresentante comercial de la Casa Blanca, destacó en un foro que uno de los principales objetivos es establecer acuerdos arancelarios más estrictos con México y Canadá, especialmente para evitar que productos de Asia ingresen a Estados Unidos a través de estos países. Este enfoque busca proteger la producción local y aumentar el uso de insumos estadounidenses en la manufactura.

El déficit comercial de Estados Unidos con México ha crecido significativamente, pasando de aproximadamente 60 mil millones de dólares en 2018 a cerca de 200 mil millones en la actualidad. Esta situación ha llevado a que México se convierta en el tercer mayor déficit comercial de EE.UU., detrás de la Unión Europea y China. Goettman enfatizó que la revisión del T-MEC se centrará en aumentar la transparencia en la fabricación, analizando aspectos como la fundición del acero y el aluminio, y asegurando que se cumplan las reglas de origen para el sector automotriz, que es crucial para la economía de la región.

El exnegociador del T-MEC por México, Ildefonso Guajardo, argumentó que no es justo comparar el déficit comercial de México con el de China, ya que México importa bienes estadounidenses en cantidades mucho mayores. Sin embargo, advirtió que las recientes acciones de EE.UU. en relación con el crimen organizado podrían poner a México en una posición vulnerable, lo que podría influir en las negociaciones comerciales y en la inclusión de temas de seguridad en las discusiones.

Expertos en comercio exterior anticipan que EE.UU. implementará requisitos más estrictos para acceder a los beneficios arancelarios del T-MEC. Esto podría incluir no solo una mayor trazabilidad del contenido regional de los productos, sino también del origen de las inversiones y del capital detrás de las manufacturas. Alejandro Luna Arena, otro experto en comercio exterior, señaló que la revisión del T-MEC se centrará inevitablemente en las reglas de origen, especialmente dado que la administración de Trump no cuenta con la autoridad Fast Track, lo que limita su capacidad para negociar acuerdos comerciales de manera expedita.

De cara al futuro, los inversores deben estar atentos a cómo estas nuevas reglas de origen podrían afectar la dinámica del comercio en la región. La administración estadounidense está buscando aumentar el contenido norteamericano en varios sectores estratégicos, lo que podría tener implicaciones significativas para las empresas que dependen de insumos importados. Las negociaciones sobre el T-MEC se desarrollarán en un contexto donde la política comercial se entrelaza con cuestiones de seguridad, lo que podría complicar aún más las relaciones comerciales entre EE.UU. y México en el corto y mediano plazo.