Desde su fallecimiento el 2 de julio de 1915, los restos de Porfirio Díaz, expresidente de México, permanecen en el cementerio de Montparnasse en París. A más de un siglo de su muerte, la cuestión de su repatriación sigue generando controversia. Gabriela Bernal Pfennich, tataranieta de Díaz, ha compartido las razones por las cuales su familia considera que aún no es el momento adecuado para traer sus restos de vuelta a México, citando el uso político de su figura y el vandalismo que ha sufrido su tumba en los últimos años.

La familia de Porfirio Díaz ha expresado su preocupación por la seguridad de la tumba en París, especialmente tras actos de vandalismo que han ocurrido en el lugar. Bernal Pfennich ha señalado que las declaraciones de los gobiernos recientes han contribuido a una imagen negativa de su antepasado, lo que ha llevado a la familia a decidir que no están listos para una repatriación. Esta decisión refleja un contexto político en el que la figura de Díaz ha sido utilizada por diferentes partidos para fines partidistas, lo que complica aún más el debate sobre su legado.

A lo largo de los años, varios políticos han promovido la idea de repatriar los restos de Díaz. En 2015, el diputado priista Samuel Gurrión Matías presentó una iniciativa para que el gobierno federal tomara medidas concretas para traer de vuelta los restos a Oaxaca, argumentando que era un momento propicio para reevaluar el impacto de Díaz en la historia de México. Sin embargo, la familia ha optado por mantenerse al margen de estas iniciativas, dejando la decisión en manos del gobierno y del pueblo mexicano.

El actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, también ha manifestado su apoyo a la repatriación de los restos de aquellos que murieron en el extranjero, incluyendo a Díaz. Sin embargo, a pesar de estas intenciones, los restos de Porfirio Díaz continúan en Francia, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de su figura en la política mexicana. La falta de consenso sobre su legado y la polarización en torno a su figura dificultan la posibilidad de un retorno.

A medida que la imagen de Porfirio Díaz parece estar en proceso de cambio, con nuevas perspectivas que emergen sobre su gobierno, es posible que en el futuro se reevalúe su papel en la historia de México. La familia espera que el debate sobre su legado se despoje de la política y se centre en un análisis más objetivo. Este cambio podría abrir la puerta a una repatriación más aceptada por la sociedad mexicana, pero por ahora, la situación sigue siendo incierta y depende de la voluntad popular y gubernamental para avanzar en este tema.