La morosidad en el Gran Buenos Aires (GBA) ha alcanzado niveles alarmantes, cuadruplicándose en el último año y llegando al 18,4% en diciembre de 2025, según un informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Este aumento significativo en la morosidad de los préstamos a personas humanas, que era del 4,9% un año antes, ha encendido las alarmas en el sistema financiero argentino. A pesar de las preocupaciones, algunos actores del sector financiero afirman que el 'pico ya pasó', sugiriendo que la situación podría estar comenzando a estabilizarse.

El deterioro del crédito en el GBA no solo supera los niveles de crisis anteriores, como los de 2019 y 2021, sino que también se presenta una brecha notable con otras regiones. La morosidad en el GBA es un 48% superior a la de la Ciudad de Buenos Aires y un 58% más alta que la del interior provincial. Este contexto plantea serias preocupaciones sobre la salud financiera de los hogares y empresas en la región, especialmente en sectores vulnerables como la industria textil, hoteles y restaurantes, donde las tasas de morosidad alcanzan el 13% y 12%, respectivamente.

La situación se agrava con un entorno económico deteriorado, que ha llevado a un aumento en el pesimismo sobre la evolución económica. Este clima de incertidumbre reduce los incentivos para mantener la salud financiera, lo que podría profundizar la exclusión financiera. Santiago Bausili, presidente del BCRA, ha indicado que el aumento de la morosidad está vinculado a la reactivación del crédito, argumentando que "si no hay crédito, no hay mora". Sin embargo, este crecimiento del crédito se realizó sin una adecuada evaluación de riesgo, lo que ha llevado a un aumento en la morosidad en los préstamos personales.

A pesar de las alarmas, Bausili ha señalado que comienzan a aparecer señales de mejora. La desaceleración en el deterioro de las carteras de crédito y la información anticipada para marzo y abril sugieren una posible recuperación. Sin embargo, el impacto de la morosidad sigue siendo significativo, especialmente para las familias, donde la morosidad ha alcanzado el 11,2%, acumulando 16 meses consecutivos de aumento. Este incremento refleja el impacto de la pérdida de poder adquisitivo y la desaceleración del crédito al consumo.

Mirando hacia el futuro, es crucial observar cómo se desarrollan las condiciones macroeconómicas en Argentina. La recuperación del crédito al consumo es vital, y los bancos están preparados para expandir su actividad, pero esto dependerá de la estabilidad económica. La morosidad en el sector empresarial también está en aumento, aunque a niveles más bajos, lo que sugiere que la situación financiera de las empresas podría seguir deteriorándose si no se toman medidas adecuadas. Los próximos meses serán decisivos para evaluar si el sistema financiero puede recuperarse y si las familias y empresas podrán encontrar alivio en un entorno de crédito más saludable.