A partir del 1 de mayo de 2026, China ha decidido eliminar los aranceles para todos los países africanos, a excepción de Eswatini, que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán. Esta política de arancel cero se extiende a 53 naciones, tras haber sido implementada previamente para 33 países menos desarrollados en diciembre de 2024. La medida estará vigente hasta el 30 de abril de 2028, aunque no se ha especificado qué sucederá después de esa fecha. Este movimiento refuerza la posición de China como un socio comercial preferido para África, en un contexto donde las relaciones comerciales con Estados Unidos han sido más restrictivas, especialmente tras la imposición de aranceles de hasta el 30% a algunas naciones africanas en agosto de 2025.

A pesar de la eliminación de aranceles, los analistas advierten que este cambio no necesariamente resolverá los problemas estructurales que enfrenta el comercio africano. La balanza comercial entre África y China es cada vez más desfavorable para el continente africano, con un déficit comercial que alcanzó los 102 mil millones de dólares en 2025, un aumento del 65% respecto al año anterior. Las exportaciones africanas a China están dominadas por materias primas, como petróleo crudo y minerales, mientras que las importaciones desde China incluyen una amplia gama de productos manufacturados. Esta asimetría en el comercio plantea dudas sobre la efectividad de la política de arancel cero para fomentar un desarrollo económico sostenible en África.

El impacto de esta política variará significativamente entre los diferentes países africanos. Economías más desarrolladas como Sudáfrica y Marruecos podrían beneficiarse más rápidamente de la eliminación de aranceles, gracias a su capacidad industrial y a su infraestructura más avanzada. En contraste, naciones con economías menos diversificadas y una fuerte dependencia de la exportación de materias primas podrían no experimentar mejoras significativas. La eliminación de aranceles por sí sola no aborda las limitaciones estructurales como la baja capacidad industrial y la falta de logística eficiente, que son obstáculos persistentes para el crecimiento económico en muchos países africanos.

Para los inversores, la expansión del régimen de arancel cero podría abrir nuevas oportunidades en sectores como la agricultura, donde se espera un aumento en las exportaciones de productos como el café y los frutos secos. Sin embargo, los analistas advierten que los beneficios a corto plazo podrían ser modestos y concentrarse en países que ya tienen capacidad de exportación. A largo plazo, si los países africanos logran diversificar sus exportaciones y mejorar su capacidad de producción, el impacto podría ser más significativo. Esto dependerá de la capacidad de los gobiernos africanos para utilizar el acceso mejorado al mercado chino como palanca para implementar políticas industriales más efectivas.

La exclusión de Eswatini de esta política de arancel cero se interpreta como un movimiento político de China para presionar a Taiwán, dado que Eswatini es uno de los pocos países que aún mantiene relaciones diplomáticas con la isla. Este hecho pone de manifiesto cómo las relaciones comerciales y políticas están interconectadas en la región. A medida que se inician las temporadas de siembra en Asia, la situación en el mercado de fertilizantes también podría verse afectada por restricciones chinas, lo que añade otra capa de complejidad a la dinámica comercial en la región. Los analistas sugieren que los gobiernos africanos deben replantearse su enfoque hacia el comercio y la industrialización para no quedar atrapados en un ciclo de dependencia de las exportaciones de materias primas.

En resumen, la eliminación de aranceles por parte de China representa una oportunidad para África, pero también plantea desafíos significativos. Los próximos años serán cruciales para observar cómo los países africanos responden a esta nueva dinámica y si logran aprovechar el acceso al mercado chino para impulsar su desarrollo económico. La capacidad de África para diversificar su economía y mejorar su infraestructura será determinante para el éxito de esta política a largo plazo.